Día Mundial del Lavado de Manos, una costumbre que aprendimos durante la pandemia y que no debemos abandonar
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Cada 15 de octubre se conmemora el Día Mundial del Lavado de Manos, una fecha que invita a recuperar uno de los hábitos más sencillos y efectivos para prevenir enfermedades.
Durante la pandemia de COVID-19, lavarse las manos se convirtió en una práctica cotidiana reforzada por campañas sanitarias, recomendaciones médicas y protocolos de prevención. Con el regreso a la normalidad, muchas de aquellas precauciones quedaron atrás. Sin embargo, la higiene de manos continúa siendo fundamental para reducir la transmisión de virus, bacterias y otros microorganismos, tanto en los hogares como en las escuelas, los lugares de trabajo y los espacios públicos de la Ciudad de Buenos Aires.
Una enseñanza de la pandemia que sigue vigente
Hubo un tiempo en que el alcohol en gel estaba presente en casi todos los comercios, las escuelas recordaban permanentemente la importancia de la higiene y lavarse las manos al regresar a casa formaba parte de una rutina compartida por millones de personas.
La emergencia sanitaria modificó numerosos comportamientos cotidianos. Algunos respondían a circunstancias excepcionales, mientras que otros, como el lavado frecuente de manos, eran recomendaciones de salud pública anteriores a la aparición del coronavirus.
Hoy, cuando las restricciones sanitarias forman parte del pasado, vale la pena distinguir entre aquellas medidas extraordinarias y los hábitos preventivos que siguen teniendo utilidad.
Lavarse las manos con agua y jabón no es una costumbre exclusiva de las pandemias. Es una práctica básica de higiene que contribuye a prevenir enfermedades durante todo el año.
Las manos entran permanentemente en contacto con objetos y superficies de uso compartido. Picaportes, pasamanos, teclados, teléfonos celulares, botones de ascensores y elementos del transporte público forman parte de la vida cotidiana de los porteños.
Aunque tocar estas superficies no implica necesariamente contraer una enfermedad, determinados microorganismos pueden llegar a la boca, la nariz o los ojos cuando una persona se toca la cara sin haberse higienizado previamente.
Por qué lavarse las manos ayuda a prevenir enfermedades
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) reconocen la higiene de manos como una medida importante para disminuir la propagación de infecciones.
El lavado con agua y jabón permite desprender suciedad, materia orgánica y microorganismos presentes en la piel. La acción mecánica de frotar las manos y enjuagarlas resulta fundamental para eliminarlos.
Esta práctica contribuye a reducir el riesgo de enfermedades gastrointestinales, como algunas diarreas infecciosas, y de determinadas infecciones respiratorias que pueden transmitirse por contacto.
También resulta especialmente importante durante la preparación de alimentos, después de utilizar el baño y al asistir a personas enfermas.
No obstante, el lavado de manos no reemplaza otras medidas preventivas. La ventilación de ambientes, la vacunación cuando corresponde, la seguridad alimentaria y los cuidados respiratorios continúan siendo necesarios según cada situación.
Cuándo debemos lavarnos las manos
No es necesario higienizarse compulsivamente después de tocar cualquier objeto. Lo importante es reconocer los momentos en los que existe mayor riesgo de transmitir microorganismos.
Entre las situaciones más importantes se encuentran las siguientes:
- Antes de preparar, manipular o consumir alimentos.
- Después de utilizar el baño.
- Después de cambiar pañales o ayudar a un niño a utilizar el sanitario.
- Antes y después de atender a una persona enferma.
- Después de sonarse la nariz, toser o estornudar.
- Después de tocar basura o manipular residuos.
- Después de tocar animales, sus alimentos o sus desechos.
- Antes y después de tratar una herida.
- Al regresar de actividades en espacios públicos, especialmente antes de comer o tocarse la cara.
En una ciudad con una intensa circulación de personas, como Buenos Aires, incorporar estas prácticas en la rutina diaria representa una forma sencilla de cuidado personal y colectivo.
Cómo lavarse correctamente las manos
Una higiene adecuada requiere algo más que colocar las manos unos segundos debajo de la canilla.
Los organismos sanitarios recomiendan realizar el procedimiento de la siguiente manera:
- Mojar las manos con agua corriente limpia.
- Aplicar suficiente jabón para cubrir ambas manos.
- Frotar las palmas, el dorso, los espacios entre los dedos, los pulgares y debajo de las uñas.
- Mantener la fricción durante al menos 20 segundos.
- Enjuagar completamente con agua corriente.
- Secar con una toalla limpia, una toalla descartable o un sistema de secado adecuado.
No es necesario utilizar jabón antibacterial para el lavado habitual. El jabón común, acompañado de una técnica correcta, resulta suficiente en la mayoría de las situaciones cotidianas.
Tampoco se requiere agua caliente. Lo importante es utilizar agua limpia, jabón y dedicar el tiempo necesario al procedimiento.
El alcohol en gel sigue siendo útil, pero no reemplaza siempre al jabón
Durante la pandemia, los dispensadores de alcohol en gel se volvieron habituales en comercios, oficinas, escuelas y edificios públicos.
Actualmente siguen siendo una alternativa práctica cuando no se dispone de agua y jabón, especialmente durante traslados o actividades fuera del hogar.
Para una higiene eficaz, se recomienda utilizar desinfectantes de manos que contengan al menos un 60 % de alcohol, cubrir todas las superficies de las manos y frotarlas hasta que se sequen.
Sin embargo, cuando las manos están visiblemente sucias o grasosas, el lavado con agua y jabón es la opción preferible.
El alcohol en gel tampoco elimina eficazmente todos los tipos de microorganismos. Frente a ciertos agentes que provocan enfermedades gastrointestinales, el lavado con agua y jabón ofrece ventajas importantes.
Por eso, ambos recursos deben considerarse complementarios y utilizarse según las circunstancias.
Las escuelas y las familias cumplen un papel fundamental
La enseñanza de hábitos de higiene desde la infancia constituye una herramienta de prevención que puede acompañar a las personas durante toda la vida.
En las escuelas, promover el lavado de manos antes de comer y después de utilizar el baño ayuda a incorporar rutinas saludables. Para ello, también es importante contar con instalaciones sanitarias adecuadas, agua, jabón y condiciones de mantenimiento.
En los hogares, el ejemplo de los adultos resulta especialmente valioso. Los niños aprenden no solamente mediante explicaciones, sino también observando los comportamientos cotidianos de sus familias.
Convertir el lavado de manos en una práctica natural, sin generar miedo ni preocupación excesiva por los microorganismos, favorece una relación equilibrada con la higiene personal.
La higiene también depende de las condiciones de los espacios públicos
La prevención no puede quedar exclusivamente bajo la responsabilidad individual.
Los establecimientos educativos, gastronómicos, sanitarios, comerciales y laborales tienen un papel importante en la disponibilidad de instalaciones y elementos de higiene adecuados.
Un baño sin jabón, una canilla que no funciona o la falta de condiciones apropiadas para secarse las manos dificultan el cumplimiento de una recomendación sanitaria elemental.
En este sentido, el Día Mundial del Lavado de Manos también representa una oportunidad para recordar la importancia del acceso al agua segura, el saneamiento y la infraestructura sanitaria.
La promoción de hábitos saludables necesita estar acompañada por condiciones materiales que permitan ponerlos en práctica.
Después de la pandemia, conservar lo que aprendimos
La pandemia dejó experiencias difíciles y transformaciones profundas en la vida cotidiana. También contribuyó a visibilizar la importancia de algunas medidas preventivas que, aunque conocidas desde hacía décadas, no siempre recibían suficiente atención.
El lavado de manos es una de ellas.
No se trata de recuperar el temor al contagio ni de volver a las restricciones de aquellos años. Se trata de conservar una conducta saludable que puede incorporarse sin grandes esfuerzos a la rutina diaria.
El 15 de octubre ofrece una oportunidad para recordar que la prevención de enfermedades no depende únicamente de grandes avances científicos o de tratamientos médicos complejos.
En ocasiones, una medida tan sencilla como disponer de agua, jabón y dedicar unos segundos a una higiene correcta puede marcar una diferencia importante.
La pandemia terminó como emergencia sanitaria mundial, pero la necesidad de cuidarnos y cuidar a los demás sigue vigente.
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