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La casa más angosta de Buenos Aires tiene apenas 2,50 metros de frente y una historia entre mitos y documentos

Arquitectura y Urbanismo
octubre 22, 2026 · 5 min de lectura
Historia de la Casa Mínima de San Telmo, la vivienda más angosta de Buenos Aires, y las leyendas sobre sus antiguos habitantes.
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En el pasaje San Lorenzo, en San Telmo, la Casa Mínima conserva una de las fachadas más singulares de la Ciudad.

Su puerta verde y su pequeño balcón atraen las miradas, pero detrás de esa estrechez hay algo más que una curiosidad arquitectónica. La vivienda permite acercarse a las transformaciones del antiguo Buenos Aires y a una leyenda sobre un hombre que había recuperado su libertad, cuya relación con la propiedad no pudo comprobarse documentalmente.

Una fachada que se reconoce enseguida

La Casa Mínima está ubicada en pasaje San Lorenzo 380. El sitio oficial de Turismo porteño le atribuye 2,50 metros de frente y 13 metros de profundidad, y la presenta como la casa más angosta de Buenos Aires. Su aspecto resulta fácil de identificar: una puerta de madera de dos hojas, pintada de verde, y un balcón superior con baranda de hierro.

La misma fuente señala que formó parte de una vivienda de la segunda década del siglo XIX. Por eso, la pequeña fachada que hoy se observa debe entenderse dentro de una construcción y una parcela que atravesaron cambios a lo largo del tiempo.

Las dimensiones publicadas no son uniformes: mientras Turismo de la Ciudad informa los 2,50 metros de frente que hicieron conocida a la casa, El Zanjón de Granados describe un ancho de 2,30 metros. Conviene conservar esa atribución y evitar presentar ambas cifras como si fueran una medición idéntica.

Qué cuentan los documentos sobre su origen

Una de las pistas más importantes aparece en la investigación del arquitecto José María Peña, fundador del Museo de la Ciudad. Según una publicación del Gobierno porteño que recupera su trabajo, un catastro de 1860 mostraba que el terreno donde se encuentra la Casa Mínima integraba una propiedad de 16 metros de frente por 17 metros de fondo.

Ese registro llevó a Peña a plantear que la estrecha parcela actual podía ser el resultado de sucesivas divisiones de un inmueble mayor. Es decir, su tamaño no necesariamente respondía a una decisión original de construir una casa independiente con esas dimensiones.

El documento resulta relevante porque permite seguir la transformación del terreno a partir de un registro concreto. La explicación de las subdivisiones tiene, de ese modo, un respaldo diferente del que ofrecen los relatos transmitidos de generación en generación.

La leyenda del esclavo liberto

La historia más difundida sostiene que un hombre que había sido esclavizado recibió de su antiguo amo una pequeña porción de terreno para levantar su vivienda después de obtener la libertad. Esa versión dio origen a otro de los nombres con los que se conoció al inmueble: la Casa del Esclavo Liberto.

Sin embargo, una reseña patrimonial del Gobierno de la Ciudad aclara que esa tradición no pudo verificarse mediante documentación. También señala que existe una tradición oral que, desde 1890, la identifica como la casa del esclavo.

La distinción es fundamental: la existencia de la leyenda forma parte de la memoria del barrio, pero no permite afirmar quién habitó la propiedad ni en qué condiciones llegó a ocuparla. Tampoco corresponde presentar la supuesta donación como un hecho demostrado.

La historia puede contarse sin perder su atractivo, siempre que se mantenga esa diferencia entre el relato popular y lo que efectivamente pudo documentarse.

Lo que sus paredes permiten conocer del antiguo Buenos Aires

La Casa Mínima también conserva información sobre las formas de construir y de transformar las viviendas. La reseña patrimonial porteña indica que el predio estuvo ocupado por una casa grande perteneciente a la familia Peña y que, a partir de 1860, atravesó subdivisiones y modificaciones que dieron lugar a conventillos y locales comerciales.

Esos cambios permiten observar cómo una misma propiedad podía adaptar sus espacios a distintos usos. La estrecha casa que hoy llama la atención desde la calle es una parte de ese proceso.

A fines de 1994, el Centro de Arqueología Urbana realizó excavaciones en el lugar. Entre los elementos destacados por la documentación oficial aparecen revoques elaborados con barro batido y bosta, blanqueados a la cal, una técnica característica de las construcciones coloniales.

Esos materiales aportan otra clase de evidencia. Además de los planos y registros de propiedad, las propias paredes ayudan a estudiar cómo se construía y qué partes de las edificaciones antiguas lograron conservarse.

De vivienda histórica a espacio para visitar

La recuperación de la Casa Mínima quedó vinculada al complejo cultural El Zanjón de Granados. La cronología publicada por la institución señala que fue adquirida en 1994 para integrarla al conjunto y que la restauración terminó en 2003, cuando abrió al público.

Actualmente, El Zanjón ofrece una visita guiada específica. El recorrido incluye el pequeño patio y propone una aproximación a las tradiciones de Buenos Aires, la esclavitud y el surgimiento del tango.

Para quienes conocen la fachada de fotografías o pasan habitualmente por San Telmo, la visita ofrece la posibilidad de acercarse a los espacios interiores y a la historia que se conserva detrás de la puerta verde.

Información útil

  • Ubicación de la Casa Mínima: pasaje San Lorenzo 380, San Telmo.
  • Organizador de las visitas: El Zanjón de Granados, con sede en Defensa 755.
  • Horarios publicados: lunes a viernes, a las 12; sábados, domingos y feriados, a las 14 y a las 15.
  • Duración: entre 45 y 50 minutos.
  • Tarifa publicada para residentes: $20.000; residentes jubilados, docentes y estudiantes, $16.000.
  • Consultas: 011 7078-1542, durante los días de semana, y turismo@elzanjon.com.ar.
  • Antes de asistir: consultar disponibilidad, tarifas y condiciones de reserva con el organizador.

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