El edificio Kavanagh y la leyenda que transformó el perfil de Retiro
Frente a la Plaza San Martín, el edificio Kavanagh se levanta como una de las obras más reconocibles de Buenos Aires. Su silueta escalonada, su avanzada estructura de hormigón y las comodidades incorporadas a sus departamentos lo convirtieron en un emblema de la modernidad porteña durante la década de 1930.
La torre también quedó envuelta en una historia de amores contrariados y diferencias sociales. Una leyenda sostiene que Corina Kavanagh habría impulsado su construcción para impedir que la familia Anchorena pudiera contemplar la Basílica del Santísimo Sacramento desde su residencia. Aunque el relato forma parte del imaginario de la Ciudad, no existen documentos históricos concluyentes que prueben que esa haya sido la verdadera razón del proyecto.
Un rascacielos que cambió el paisaje porteño
Para comprender la importancia del Kavanagh hay que imaginar el barrio de Retiro a comienzos de la década de 1930. Alrededor de la Plaza San Martín convivían palacios particulares, hoteles de lujo, edificios diplomáticos, casas bajas y algunas de las construcciones más representativas de la prosperidad de Buenos Aires.
En ese entorno, dominado por edificios de estilos europeos, comenzó a levantarse una torre de líneas geométricas, sin ornamentaciones tradicionales y con una altura excepcional para la época. La obra ocupó un terreno situado junto al Plaza Hotel, donde anteriormente existía un conjunto de viviendas bajas.
Los trabajos comenzaron en abril de 1934. El proyecto fue encargado por Corina Kavanagh y desarrollado por el estudio integrado por Gregorio Sánchez, Ernesto Lagos y Luis María de la Torre. La construcción estuvo bajo la dirección del ingeniero Rodolfo Cervini.
El edificio fue inaugurado en 1936. Con una altura cercana a los 120 metros y alrededor de treinta pisos, se convirtió en el rascacielos más alto de Sudamérica y en una de las estructuras de hormigón armado más elevadas del mundo en su tipo. La relevancia de aquel desafío técnico fue reconocida décadas después por la American Society of Civil Engineers, que lo incorporó entre los hitos históricos internacionales de la ingeniería civil. Sitio oficial de Turismo de la Ciudad y American Society of Civil Engineers.
La mujer que impulsó una obra monumental
Corina Kavanagh pertenecía a una familia adinerada de ascendencia irlandesa. Fue la promotora y financista de un proyecto extraordinariamente ambicioso para una Buenos Aires que buscaba presentarse como una gran capital internacional.
La torre no fue concebida como sede de una empresa ni como edificio público. Se trataba de una casa colectiva de renta con departamentos destinados a sectores de alto poder adquisitivo. El emprendimiento combinaba una inversión inmobiliaria privada con una marcada intención de innovación y prestigio.
El apellido de Corina quedó unido para siempre a la construcción. También lleva su nombre el estrecho pasaje ubicado entre la torre y el antiguo Plaza Hotel, desde donde puede observarse la Basílica del Santísimo Sacramento.
Una construcción veloz y técnicamente avanzada
Uno de los aspectos más sorprendentes del proyecto fue la rapidez de su ejecución. La estructura alcanzó su altura máxima durante 1934 y el edificio quedó terminado para su inauguración en 1936.
La torre fue construida en hormigón armado, una tecnología que permitía desarrollar edificios altos con estructuras resistentes y relativamente livianas. La organización de sus volúmenes respondió, además, a las normas municipales que exigían retiros progresivos a medida que aumentaba la altura.
Esos escalonamientos dieron origen a su característica silueta y permitieron incorporar amplias terrazas en diferentes niveles. Visto desde determinados ángulos, el edificio recuerda la proa de un barco orientada hacia el Río de la Plata.
La estructura está formada por varios cuerpos superpuestos que disminuyen progresivamente de tamaño. Las líneas verticales, los grandes ventanales y la ausencia de adornos exteriores expresan los principios de la arquitectura moderna. En la obra también pueden reconocerse influencias racionalistas y rasgos vinculados con el art déco.
El resultado fue una construcción que parecía avanzar hacia el cielo sin formar un bloque compacto. Esa composición ayudó a conservar la entrada de luz y aire en las calles cercanas, una preocupación central de las regulaciones urbanas de la época.
Departamentos con servicios poco habituales
El Kavanagh fue concebido como una residencia de lujo. Sus 105 departamentos tenían diferentes tamaños y configuraciones, mientras que los niveles superiores aprovechaban las terrazas y las vistas hacia la Plaza San Martín, Retiro, el centro porteño y el Río de la Plata.
Entre sus innovaciones se encontraban el aire acondicionado centralizado, la calefacción, un sistema telefónico interno, doce ascensores, talleres de lavado y planchado, depósitos de seguridad y cámaras destinadas a conservar alfombras y prendas de piel. El proyecto también incorporó instalaciones recreativas, como gimnasio y pileta.
Muchas de esas prestaciones eran excepcionales para un edificio residencial de la década de 1930. Sin embargo, la torre carecía de cocheras, una característica que hoy llama la atención pero que refleja una época en la que el automóvil todavía no tenía la presencia urbana actual.
Su organización interior incluía accesos y ascensores diferenciados para distintos grupos de departamentos. En la planta baja se distribuyeron los ingresos, locales comerciales y consultorios. La información técnica y arquitectónica está documentada por Moderna Buenos Aires, programa especializado en el patrimonio moderno de la Ciudad.
La leyenda del amor prohibido y la iglesia oculta
La historia más difundida alrededor del Kavanagh afirma que su construcción habría sido una venganza contra la familia Anchorena, una de las familias tradicionales de la sociedad porteña.
Según la versión publicada por el sitio oficial de Turismo de la Ciudad, Corina Kavanagh habría mantenido una relación con uno de los hijos de los Anchorena. La familia se habría opuesto al vínculo porque ella, pese a su fortuna, no pertenecía a una familia considerada patricia.
Después de la ruptura, Corina habría decidido comprar el terreno y levantar allí una torre tan alta que interrumpiera la vista entre la residencia de los Anchorena y la Basílica del Santísimo Sacramento. El palacio familiar se encontraba frente a la Plaza San Martín y actualmente es el Palacio San Martín, sede ceremonial de la Cancillería argentina.
La iglesia, situada en la calle San Martín 1035, había sido impulsada por Mercedes Castellanos de Anchorena e inaugurada en 1916. Su cercanía con el antiguo palacio permitía contemplarla desde la residencia familiar hasta la aparición del Kavanagh.
La construcción de la torre efectivamente modificó esa línea visual. Desde el Palacio San Martín, la basílica quedó escondida detrás del enorme edificio. Para observar el templo desde la plaza es necesario buscar el ángulo que ofrece el Pasaje Corina Kavanagh.
Qué parte de la historia está comprobada
Está documentado que Corina Kavanagh promovió el edificio, que la torre se construyó en el terreno situado entre la plaza y la iglesia y que su volumen bloqueó la vista que existía desde el palacio de los Anchorena.
Lo que no pudo demostrarse es que el proyecto haya nacido específicamente como una represalia sentimental. Tampoco existe una única versión del supuesto romance. Algunos relatos señalan a la propia Corina como protagonista, mientras que otros hablan de una de sus hijas.
Por esa razón, la historia debe entenderse como una leyenda urbana y no como un hecho histórico comprobado. Su permanencia, sin embargo, muestra cómo la arquitectura puede quedar asociada a los conflictos sociales y a las historias que circulan de generación en generación.
El propio sitio turístico del Gobierno porteño presenta el episodio como una leyenda y utiliza expresiones condicionales al explicar sus protagonistas y motivaciones.
De obra revolucionaria a patrimonio protegido
El Kavanagh obtuvo en 1936 el primer premio municipal de fachada y casa colectiva. El reconocimiento destacaba tanto su composición exterior como su aporte a una nueva forma de vivienda urbana.
En 1994 recibió la distinción de hito histórico internacional de la ingeniería civil por parte de la American Society of Civil Engineers. Cinco años más tarde, el Estado argentino lo declaró Monumento Histórico Nacional mediante el Decreto 349/1999.
La norma destacó sus líneas geométricas puras, sus escalonamientos, su distribución funcional y el avance tecnológico que representó su estructura de hormigón. También señaló que, en su momento, fue el edificio más alto del mundo dentro de esa modalidad constructiva. Decreto 349/1999.
La protección no responde solamente a su altura o antigüedad. El Kavanagh representa un momento de transformación de Buenos Aires, cuando la arquitectura comenzó a dejar atrás los modelos ornamentales europeos para experimentar con formas más simples, funcionales y relacionadas con la vida moderna.
Un símbolo inseparable de la Plaza San Martín
El edificio sigue cumpliendo su función residencial y su interior no funciona como una atracción turística de acceso libre. Su presencia, sin embargo, puede apreciarse desde distintos puntos del espacio público.
La Plaza San Martín permite observar su perfil escalonado y comprender la relación que mantiene con otros edificios históricos de Retiro. Desde el Pasaje Corina Kavanagh se obtiene, además, la perspectiva que conecta visualmente la torre con la Basílica del Santísimo Sacramento y alimentó la famosa leyenda.
Esa combinación de innovación técnica, arquitectura, historia social y misterio convirtió al Kavanagh en mucho más que un rascacielos. A noventa años de su inauguración, continúa siendo una de las construcciones que mejor explican cómo Buenos Aires imaginaba su ingreso a la modernidad.
Información útil
- Ubicación: Florida 1065, barrio de Retiro.
- Entorno: frente a la Plaza San Martín y junto al Pasaje Corina Kavanagh.
- Tipo de edificio: propiedad residencial privada.
- Protección: Monumento Histórico Nacional desde 1999.
- Observación exterior: puede contemplarse desde la Plaza San Martín, la calle Florida y el pasaje lateral.
- Acceso: no posee un régimen general de visitas turísticas a sus departamentos o sectores privados.
¿Qué te pareció esta información? Tu opinión
0 lectores reaccionaron reacciones
