Aulas libres de celulares en CABA y lo que muestran los datos oficiales de 2026
Desde el comienzo del ciclo lectivo 2026, las escuelas de gestión estatal y privada de la Ciudad de Buenos Aires cuentan con un marco más estricto para limitar el uso de teléfonos celulares y otros dispositivos digitales personales durante las clases. La medida alcanza a estudiantes y docentes y busca preservar la atención, la convivencia y el bienestar socioemocional dentro de las aulas.
A seis meses de su puesta en marcha, ya existen nuevos datos oficiales sobre la relación de los adolescentes porteños con sus teléfonos. Sin embargo, hay una distinción importante: el relevamiento difundido en septiembre aporta información actualizada sobre tiempo de pantalla y bienestar, pero todavía no constituye una evaluación específica del impacto de la prohibición aplicada desde marzo. Los antecedentes más directos sobre mejoras en el aula corresponden a la regulación anterior, implementada en 2024 y evaluada durante 2025.
Qué establece el protocolo vigente
El marco denominado “Aulas libres de celulares inteligentes y dispositivos digitales personales” establece que durante las clases no pueden utilizar teléfonos celulares ni otros dispositivos personales los estudiantes ni los docentes que se encuentren frente a alumnos.
La restricción también alcanza a bibliotecas, laboratorios, talleres y otros espacios destinados al aprendizaje. Cuando una actividad requiere tecnología, la normativa dispone que debe realizarse con equipamiento provisto por la institución, dentro de una planificación docente y con objetivos pedagógicos definidos.
Existen excepciones vinculadas con necesidades concretas de accesibilidad, discapacidad, enfermedad o imposibilidades temporarias, siempre que el dispositivo contribuya a mejorar las condiciones de participación y aprendizaje del estudiante.
La regulación no es idéntica en todos los momentos de la jornada. En Inicial y Primaria no se permite el uso de celulares durante recreos y comedor. En Secundaria, en cambio, cada establecimiento debe establecer sus propias pautas para regular o restringir el uso durante esos períodos. El objetivo incluye promover recreos con actividades deportivas, artísticas, lúdicas y espacios de interacción presencial.
Además, cada escuela debe definir cómo se guardan los dispositivos, cómo se comunica la institución con las familias durante el horario escolar, qué ocurre ante incumplimientos y de qué manera se realiza el seguimiento de la aplicación de la normativa. Esas pautas deben incorporarse a los acuerdos institucionales y ser comunicadas a toda la comunidad educativa.
La normativa vigente quedó formalizada mediante la Resolución 258/MEDGC/26 y amplió el esquema que la Ciudad había comenzado a aplicar en agosto de 2024.
Qué había ocurrido con la primera regulación
Antes de avanzar hacia las “aulas libres de celulares” de 2026, la Unidad de Evaluación Integral de la Calidad y Equidad Educativa (UEICEE) analizó durante 2025 los efectos percibidos de la regulación implementada el año anterior.
La encuesta realizada en agosto de 2025 reunió a 2.738 integrantes de la comunidad educativa. En las escuelas primarias, más del 60 por ciento de los directivos y docentes consultados identificó una mayor interacción cara a cara entre estudiantes, mejoras en los logros de aprendizaje y una reducción de los llamados de atención. En Secundaria también se informaron mejoras en la atención, los aprendizajes y la disminución de distracciones, aunque con menor intensidad.
El Ministerio de Educación resumió posteriormente esos resultados señalando que siete de cada diez alumnos de Primaria y seis de cada diez de Secundaria manifestaron prestar más atención y aprender mejor, mientras que más de la mitad afirmó conversar más con sus compañeros.
Es importante ubicar esos números correctamente: corresponden a la evaluación de la política iniciada en 2024 y fueron uno de los antecedentes utilizados por la Ciudad para avanzar con una regulación más estricta en 2026. No son todavía una medición posterior a la implementación del actual esquema.
El nuevo estudio de 2026 muestra más de seis horas diarias de celular
En septiembre, el Ministerio de Educación porteño difundió los resultados de una investigación realizada junto con el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). El estudio alcanzó a más de 3.200 estudiantes secundarios de más de 80 escuelas de la Ciudad y constituye uno de los diagnósticos locales más recientes sobre la relación entre adolescentes y teléfonos inteligentes.
Los estudiantes relevados pasan, en promedio, más de seis horas diarias frente a las pantallas de sus celulares. El tiempo aumenta entre quienes cursan cuarto año.
El trabajo también encontró distintos indicadores que requieren atención. El 24,9 por ciento de los participantes presentó riesgo de uso problemático del smartphone, el 31,2 por ciento mostró indicadores de riesgo de ansiedad, el 37,2 por ciento de somnolencia diurna y el 38,1 por ciento de depresión.
Estos porcentajes deben interpretarse con cuidado. Se trata de señales o indicadores de riesgo obtenidos mediante instrumentos de investigación y no equivalen, por sí mismos, a diagnósticos clínicos individuales.
El Ministerio informó además que los estudiantes con mayores señales de alerta tienden a registrar más tiempo conectados y destacó que una parte considerable del consumo de pantallas ocurre fuera de la escuela.
Los datos de 2025 ya mostraban dificultades para desconectarse
Los cuestionarios complementarios de las evaluaciones FEPBA y TESBA de 2025 habían aportado otra señal sobre la magnitud del fenómeno.
En Secundaria, el 94 por ciento de los estudiantes relevados llevaba el celular todos los días a la escuela y tres de cada diez declaraban utilizarlo cinco horas o más por día durante la semana. Solo dos de cada diez indicaban emplear las pantallas para realizar tareas escolares.
Además, cinco de cada diez estudiantes manifestaron querer dejar de usar el celular y no poder hacerlo. El relevamiento también detectó efectos vinculados con el descanso y otros hábitos asociados al consumo digital.
Estos antecedentes explican por qué el marco aprobado en 2026 no plantea eliminar la tecnología de la educación, sino diferenciar el uso pedagógico planificado del uso personal y espontáneo del teléfono. El propio documento oficial aclara que la regulación no restringe la Educación Digital y que la tecnología puede continuar formando parte del aprendizaje bajo planificación y conducción docente.
Más de 107 mil familias se sumaron al compromiso
La política también intenta extender el debate fuera de la escuela. El Gobierno porteño lanzó el “Compromiso Familiar por Estudiantes sin Celular”, que propone postergar la entrega del primer teléfono inteligente hasta finalizar la escuela primaria y generar acuerdos familiares sobre su utilización.
Según los datos oficiales difundidos el 7 de septiembre, más de 107.000 familias ya habían adherido a la iniciativa.
El protocolo también plantea expresamente la corresponsabilidad entre escuela y familias, con la intención de construir criterios compartidos sobre hábitos digitales y reducir la sobreexposición a las pantallas.
¿Ya se puede saber si las aulas libres de celulares funcionan?
Todavía es pronto para responder esa pregunta únicamente con los datos disponibles.
Hasta el 20 de septiembre de 2026, entre la documentación oficial publicada por el Ministerio de Educación y la UEICEE puede verificarse el monitoreo sobre tiempo de pantalla y bienestar adolescente, además de la evaluación realizada en 2025 sobre la regulación anterior. El Gobierno ya incluye el nuevo monitoreo entre sus informes educativos de 2026.
Pero el estudio difundido en septiembre no compara de manera específica qué ocurría antes y después de la prohibición de marzo de 2026 en variables como atención en clase, rendimiento académico, conflictos, convivencia o cantidad de interrupciones. Por ese motivo, sus resultados aportan un diagnóstico actualizado sobre el problema, pero no permiten atribuir eventuales cambios directamente al nuevo protocolo.
La evaluación de 2025 sí ofrece antecedentes favorables desde las percepciones de estudiantes, docentes y directivos. Ahora quedará pendiente conocer si una futura evaluación de la normativa 2026 confirma, amplía o modifica esas tendencias después de un ciclo lectivo completo.
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