Petete, la historia del pequeño sabio que enseñó a generaciones de argentinos
Con su gorro de lana, su característico chupete y una curiosidad aparentemente inagotable, Petete se convirtió en uno de los personajes infantiles más populares de la televisión argentina de los años 70 y en protagonista de un proyecto educativo que logró trascender la pantalla.
Creado por Manuel García Ferré, Petete tuvo su propio microprograma televisivo en 1974 y posteriormente quedó asociado para siempre con El Libro Gordo de Petete, una ambiciosa enciclopedia infantil publicada originalmente por fascículos. Televisión, animación y material impreso formaron parte de una misma propuesta destinada a explicar el mundo a los más chicos de una manera sencilla y entretenida.
El universo de Manuel García Ferré
Para comprender el nacimiento de Petete hay que remontarse a la extensa trayectoria de Manuel García Ferré, uno de los nombres fundamentales de la historieta y la animación infantil argentina.
Nacido en Almería, España, en 1929, García Ferré llegó a la Argentina siendo muy joven y comenzó trabajando en publicidad. En 1952 publicó en la revista Billiken las aventuras de Pi-Pío, personaje alrededor del cual empezarían a aparecer algunas de las figuras que posteriormente formarían parte de su universo creativo.
Con el tiempo llegaron Anteojito, Antifaz, Hijitus, Larguirucho, Oaky, Calculín, el Profesor Neurus, la Bruja Cachavacha y muchos otros.
En 1964 comenzó a editarse la revista Anteojito, una publicación que permaneció hasta 2002 y alcanzó 1.925 números publicados de manera ininterrumpida. Tres años después, en 1967, Hijitus llegó a Canal 13 y se convirtió en la primera serie argentina de dibujos animados realizada para televisión.
García Ferré construyó así un verdadero ecosistema infantil que combinaba revistas, historietas, televisión, cine, juguetes y productos editoriales. Sus producciones tenían además una fuerte finalidad didáctica y recurrían frecuentemente a contenidos educativos, históricos y vinculados con las fechas patrias.
En ese contexto aparecería Petete.
Quién era Petete
Petete era presentado como un pequeño pingüino, aunque su aspecto se alejaba deliberadamente de una representación naturalista del animal.
El personaje tenía el rostro y el abdomen amarillos, un gorro de lana terminado en pompón y un chupete colgado del cuello. Esos elementos terminaron formando una silueta inmediatamente reconocible.
Pero, a diferencia de otros personajes del universo de García Ferré, Petete no necesitaba vivir grandes aventuras para captar la atención del público. Su principal herramienta era otra: el conocimiento.
El personaje preguntaba, explicaba y acercaba respuestas sobre distintos temas de una manera accesible para los chicos.
1974, el año en que Petete llegó a la televisión
1974 fue el año del lanzamiento de su microprograma propio, una producción que comenzó a instalar rápidamente al personaje entre el público infantil.
Las investigaciones dedicadas a reconstruir la historia del fenómeno ubican el comienzo de los cortos televisivos en marzo de 1974 por Canal 13.
Los micros eran emitidos regularmente dentro de la programación y podían repetirse durante la jornada.
No existe, sin embargo, documentación suficientemente concluyente que permita establecer el día exacto de aquella primera emisión, por lo que marzo de 1974 constituye una referencia más prudente para ubicar el debut televisivo del personaje.
Un programa de apenas unos minutos
La brevedad era una de las particularidades del formato.
No se trataba de un programa infantil convencional de media hora o una hora. Los segmentos de Petete duraban apenas unos minutos y podían insertarse dentro de la programación televisiva.
El muñeco aparecía acompañado por una joven presentadora. La figura más identificada con aquella etapa fue la modelo y actriz Gachi Ferrari, aunque distintas presentadoras participaron del formato.
Petete introducía preguntas o comentarios y el contenido se desarrollaba mediante explicaciones y animaciones.
Los temas eran muy diversos. La propuesta podía abordar conocimientos relacionados con la naturaleza, la salud, la educación, la ciencia, la geografía o la historia.
El objetivo era condensar información en pocos minutos y presentarla mediante un lenguaje comprensible para un público infantil.
Una fórmula que anticipó los contenidos educativos breves
Vista desde la actualidad, la estructura de Petete resulta llamativamente contemporánea.
Cada micro estaba construido alrededor de una idea concreta. Había una pregunta o tema central, una explicación breve, recursos visuales y una conclusión.
Era, en definitiva, una pequeña cápsula audiovisual de conocimiento varias décadas antes de la aparición de Internet, YouTube, las redes sociales y los actuales videos educativos de corta duración.
El formato buscaba que el chico pudiera incorporar un dato o concepto sin que la explicación adquiriera la estructura formal de una clase escolar.
Educación y entretenimiento funcionaban juntos.
Del televisor al kiosco de revistas
El éxito televisivo dio paso a un proyecto todavía más ambicioso.
Aproximadamente seis meses después del comienzo de las emisiones televisivas apareció la versión gráfica de El Libro Gordo de Petete.
El primer fascículo salió a la venta el 7 de septiembre de 1974.
Los fascículos se publicaban semanalmente y podían reunirse posteriormente mediante tapas destinadas a formar los diferentes volúmenes de la colección.
La publicación original terminó conformando ocho tomos de alrededor de 400 páginas cada uno.
La propuesta permitía que aquello que aparecía brevemente en televisión pudiera continuar en el hogar mediante la lectura.
El verdadero Libro Gordo de Petete
El nombre terminó formando parte del lenguaje popular argentino, pero detrás de aquella denominación existió efectivamente una enorme obra editorial.
La colección estaba concebida como una enciclopedia destinada fundamentalmente a niños y jóvenes.
Ciencias naturales, historia, geografía, animales, tecnología y conocimientos generales podían convivir dentro de sus páginas.

El sistema de fascículos tenía además una particularidad muy propia de las publicaciones populares de aquella época: la enciclopedia se construía semana tras semana.
Las familias compraban cada entrega en el kiosco y, una vez completado determinado número de fascículos, podían encuadernarlos para formar los tomos.
La edición original alcanzó 150 fascículos y su última entrega apareció en julio de 1977.
Un fenómeno editorial
El proyecto se transformó en algo mucho mayor que un simple complemento del programa televisivo.
Las investigaciones realizadas sobre la publicación estiman que El Libro Gordo de Petete llegó a alcanzar una circulación de cientos de miles de ejemplares semanales durante su etapa de mayor popularidad.
El dato permite dimensionar el lugar que ocupó la propuesta dentro de la industria editorial infantil argentina de los años 70.
García Ferré había conseguido conectar dos medios que entonces tenían una enorme presencia en los hogares: la televisión y las publicaciones impresas.
El niño veía a Petete en la pantalla y podía continuar aprendiendo con el personaje mediante los fascículos.
Una enciclopedia que también se veía por televisión
Ese vínculo entre televisión y papel constituye una de las características más interesantes del proyecto.
El Libro Gordo de Petete no era solamente el título de una colección editorial ni solamente un programa televisivo.
Ambos productos funcionaban como partes de una misma idea.
La televisión despertaba curiosidad y acercaba información rápidamente. La enciclopedia permitía conservarla, ampliarla, releerla y consultarla.
En una época en la que una búsqueda de información implicaba recurrir a libros, enciclopedias o bibliotecas, tener esos conocimientos reunidos dentro del hogar tenía un significado muy diferente al actual.
Petete cruzó las fronteras argentinas
El fenómeno tampoco quedó limitado a la Argentina.
El programa llegó a emitirse durante las décadas de 1970 y 1980 en numerosos países, entre ellos Uruguay, Perú, Bolivia, Brasil, Chile, Venezuela, Colombia, Ecuador, México, Puerto Rico y España.
La expansión internacional permitió que una creación surgida de la industria cultural argentina fuera conocida por niños de distintos países y generaciones.
En algunos mercados fue necesario adaptar voces y presentaciones para cada público, pero se mantuvo la esencia del personaje y su objetivo educativo.
Petete también llegó al cine
El crecimiento del personaje tuvo otra consecuencia importante.
En 1975, apenas un año después de la aparición del micro televisivo, García Ferré dirigió Petete y Trapito, largometraje que reunió a dos de sus personajes.
La llegada al cine muestra hasta qué punto Petete había conseguido instalarse rápidamente dentro del universo infantil creado por García Ferré.
Televisión, enciclopedia y cine terminaron potenciándose mutuamente.
Mucho más que Petete
El fenómeno debe entenderse además como parte de una estructura creativa y empresarial mucho más amplia.
Producciones García Ferré desarrolló revistas, programas televisivos, películas y productos vinculados con sus personajes.
Alrededor de aquel universo aparecieron películas, juguetes, álbumes de figuritas y muñecos, consolidando una industria cultural infantil que durante décadas tuvo una importante presencia en la Argentina.
Petete era solamente uno de sus protagonistas, pero terminó ocupando un espacio singular porque estaba directamente relacionado con la divulgación del conocimiento.
Una despedida imposible de separar del personaje
La identidad del ciclo también quedó ligada a su famosa despedida.
Al terminar cada entrega, Petete utilizaba una fórmula que sintetizaba la filosofía de toda la propuesta: el libro tenía que educar y entretener.
La frase quedó instalada en la cultura popular argentina y continúa siendo una de las referencias más reconocibles del personaje varias décadas después.
Más que una simple muletilla televisiva, aquella despedida resumía el objetivo de todo el proyecto.
El regreso de Petete
El personaje tampoco desapareció definitivamente cuando terminó su etapa de mayor popularidad.
Décadas después hubo intentos de recuperarlo para nuevas generaciones. En 2000, Petete volvió a tener presencia televisiva acompañado por Guillermina Valdés.
También continuaron apareciendo reediciones y proyectos vinculados con El Libro Gordo de Petete, demostrando la permanencia del personaje dentro de la memoria cultural.
Un personaje que quedó asociado al conocimiento
Petete ocupa un lugar particular dentro de la historia de la televisión infantil argentina.
Hijitus podía convertirse en Super Hijitus para enfrentar a los villanos de Trulalá. Larguirucho conquistaba al público mediante su inocencia y sus ocurrencias. Anteojito tuvo durante décadas una de las revistas infantiles más importantes del país.
Petete hizo algo diferente.
Convirtió las preguntas en entretenimiento.
Su universo estaba construido alrededor de una idea sencilla: siempre había algo nuevo por descubrir.
Y esa fórmula permitió que un pequeño pingüino con gorro y chupete acompañara a miles de chicos frente al televisor y, después, continuara con ellos cuando abrían las páginas de aquella enorme enciclopedia.
Más de medio siglo después de su aparición televisiva en 1974, Petete continúa siendo una referencia de una etapa en la que televisión, historieta, animación y libros podían integrarse alrededor de un mismo objetivo: entretener mientras se aprendía.
¿Qué te pareció esta información? Tu opinión
0 lectores reaccionaron reacciones
