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Cultura y Espectáculos

Entrevista a Guido Savino: «Ser artista es mucho más que actuar, es una forma de vivir»

agosto 5, 2026 · 7 min de lectura

El actor que integra el elenco de Charlie y la fábrica de chocolate reflexiona sobre el valor de la formación permanente, el aprendizaje que dejan los fracasos, la disciplina detrás del teatro musical y la importancia de sostener la pasión y la curiosidad como motores de una carrera artística.

El público lo ve cada semana sobre el escenario del Teatro Gran Rex, formando parte de una de las producciones más importantes de la cartelera porteña. Sin embargo, detrás de ese presente existe un recorrido construido con años de estudio, búsqueda constante y una profunda convicción de que el arte nunca deja de aprender.

En diálogo con Ciudad Capital, Guido Savino compartió cómo nació su vocación, qué docentes marcaron su camino, cómo vive el enorme desafío que representa Charlie y la fábrica de chocolate y por qué considera que ser artista es mucho más que subirse a un escenario.

Un camino que apareció casi sin buscarlo

A diferencia de quienes descubren muy temprano su vocación, Guido reconoce que nunca hubo un instante preciso en el que decidió dedicar su vida al teatro.

La actuación apareció durante la secundaria como una actividad que simplemente disfrutaba. Durante mucho tiempo la vivió como un hobby, sin imaginar que algún día podría convertirse en su profesión.

«Jamás pensé que iba a poder vivir de esto», resume al recordar aquellos primeros años, convencido de que la vida terminó sorprendiéndolo mucho más de lo que él mismo había imaginado.

Formarse mucho más allá del escenario

Para Guido, estudiar actuación nunca alcanza por sí solo.

Considera que un artista necesita entrenarse permanentemente, pero también alimentar su mundo interior con experiencias que, a simple vista, parecen no tener relación con el teatro.

Visitar museos, escuchar música de distintos géneros, estudiar otras disciplinas, conocer personas ajenas al ambiente artístico y abrirse a nuevas formas de pensar forman parte, para él, del mismo proceso creativo.

«Un artista no es solamente la formación técnica que tiene, sino también el mundo interno que construye.»

Esa curiosidad permanente aparece como uno de los pilares de su manera de entender la profesión.

Los maestros que dejaron huella

Cuando habla de las personas que marcaron su carrera, Guido no duda en mencionar primero a la dramaturga y docente Araceli Arreche, de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD).

Más que ofrecer respuestas, recuerda que le enseñó el valor de hacerse preguntas y de mantener viva la curiosidad como herramienta de crecimiento.

También destaca a Alejandro y Matías Ibarra, con quienes descubrió la disciplina del trabajo coral, el compromiso colectivo y la importancia de entender el teatro como un verdadero trabajo de equipo.

Entre sus referentes actuales aparece además Leticia Coronel, cuya mirada sobre la escena más física, política y ligada a la autoficción continúa ampliando su forma de comprender el hecho teatral.

El valor de equivocarse

Lejos de asociar el crecimiento únicamente con los grandes éxitos, Guido sostiene que todas las experiencias fueron necesarias para llegar hasta este presente.

Recuerda funciones realizadas para apenas un puñado de espectadores, obras que no tuvieron la convocatoria esperada y momentos que, en su momento, pudieron vivirse como frustraciones.

Sin embargo, hoy los observa con otra perspectiva.

«¿Cómo se puede conocer el éxito si nunca se conoce el fracaso?»

Para él, esos momentos difíciles fortalecen tanto como los reconocimientos y terminan construyendo al artista con la misma intensidad.

Descubrir el espectáculo desde la platea

Paradójicamente, Guido vio Charlie y la fábrica de chocolate completa recién después del estreno.

Un inconveniente de salud le impidió realizar una de las funciones y aprovechó esa ocasión para sentarse entre el público y observar el espectáculo desde afuera.

La experiencia terminó siendo profundamente movilizadora.

Después de cinco meses de ensayos comprendió, por primera vez como espectador, la verdadera dimensión del trabajo realizado por todo el equipo.

Confiesa que lloró durante la función al descubrir el universo que habían construido sobre el escenario y al ver la reacción del público, especialmente de los chicos.

«Necesitaba verlo para entender realmente lo que habíamos creado.»

Lo que el público no ve

Detrás de cada función existe un trabajo que muchas veces permanece invisible.

Guido explica que una producción de esta magnitud exige un enorme desgaste físico y mental.

La alimentación, el descanso, la preparación corporal y la disciplina forman parte del trabajo cotidiano tanto como los ensayos.

Las temporadas con varias funciones durante un mismo fin de semana llevan al cuerpo al límite, aunque asegura que el desafío termina siendo incluso más psicológico que físico.

«Requiere mucho esfuerzo, mucha disciplina, mucha paciencia… y, sobre todo, mucha cabeza.»

Ser artista como una forma de vida

Una de las reflexiones más profundas de la entrevista surge cuando habla sobre aquello que el público generalmente desconoce.

Para Guido, el trabajo artístico excede ampliamente el tiempo que se pasa sobre un escenario.

Existe una enorme cantidad de horas de estudio, preparación y entrenamiento que muchas veces no reciben una retribución económica inmediata.

Por eso sostiene que ser artista no es solamente una profesión.

Es, sobre todo, una filosofía de vida.

Una forma de comprometerse diariamente con el propio crecimiento, incluso cuando nadie está mirando.

Seguir aprendiendo siempre

Aunque hoy integra una de las producciones teatrales más importantes del país, Guido continúa estudiando.

Incluso acaba de iniciar una nueva formación orientada a la producción ejecutiva teatral, con el objetivo de comprender en profundidad todos los aspectos que hacen posible un espectáculo: la organización, la producción, los permisos, los contratos, los presupuestos y el funcionamiento técnico detrás del escenario.

Su objetivo es claro.

Quiere convertirse en un artista capaz de aportar valor desde cualquier lugar de una producción teatral, no únicamente como actor.

Los sueños que todavía quedan por cumplir

Lejos de sentir que alcanzó una meta definitiva, Guido asegura que todavía tiene muchos desafíos pendientes.

Entre ellos menciona su deseo de realizar más obras de texto, trabajar en escenarios emblemáticos como el Teatro Cervantes y el Teatro San Martín, y desarrollar una carrera en el cine y las series audiovisuales.

La búsqueda, asegura, recién empieza.

Un ritual antes de cada función

Antes de salir al escenario mantiene una tradición que conserva desde hace tiempo.

Llama a sus abuelos maternos, recuerda a sus maestros, piensa en sus guías y les dedica cada función, pidiéndoles protección y acompañamiento.

Es un pequeño momento de conexión personal antes de enfrentarse al público.

Charlie y un mensaje que trasciende el teatro

Al preguntarle por qué recomendaría vivir Charlie y la fábrica de chocolate, Guido sorprende al dejar de lado el despliegue técnico, la escenografía o los efectos especiales.

Prefiere hablar del mensaje.

Para él, Charlie representa la perseverancia, la humildad, la solidaridad y la capacidad de sostener una pasión aun en los momentos más difíciles.

En una época atravesada por incertidumbres sociales y económicas, considera que la obra recuerda que el verdadero triunfo no pertenece necesariamente a quien posee más recursos, sino a quien conserva intactas la imaginación, la curiosidad y el deseo de seguir creando.

«Defender el deseo, la imaginación y la comunidad en estos tiempos es casi un acto revolucionario.»

Con esa mirada, Guido Savino deja en claro que el teatro no termina cuando baja el telón. Para él, la actuación es una herramienta para comprender el mundo, seguir haciéndose preguntas y crecer junto a los demás. Una filosofía de vida construida con estudio, disciplina, sensibilidad y una convicción que permanece intacta: nunca dejar de aprender.