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Sociedad y Comunidad

Entre la vocación y la incertidumbre, ¿con qué sueñan los jóvenes de la Ciudad?

septiembre 15, 2026 · 8 min de lectura
Intereses, aspiraciones y sueños de los jóvenes de CABA frente a la educación, el trabajo, la tecnología y la construcción de su futuro

Estudiar, conseguir un trabajo que les permita vivir con autonomía, viajar, cuidar su salud mental y transformar sus intereses en proyectos personales aparecen entre las principales aspiraciones juveniles. Sin embargo, la inestabilidad económica, el acceso a la vivienda y las dudas frente a un mercado laboral cambiante condicionan la posibilidad de imaginar el futuro.

En las aulas, en las plazas, en las redes sociales y en los primeros espacios de trabajo conviven miles de proyectos diferentes. Algunos jóvenes sueñan con terminar una carrera universitaria; otros buscan aprender un oficio, desarrollar un emprendimiento, trabajar con tecnología, dedicarse al arte o viajar. También están quienes todavía no saben qué camino tomar.

Hablar de “los jóvenes de hoy” como si fueran un grupo homogéneo sería una simplificación. Las aspiraciones dependen de la edad, la situación económica, el barrio, las oportunidades educativas, los vínculos familiares y las experiencias personales. Sin embargo, distintos estudios y programas destinados a la juventud permiten reconocer preocupaciones compartidas entre quienes están comenzando a construir su vida adulta en la Ciudad de Buenos Aires.

Un futuro que ya no se imagina en línea recta

Durante mucho tiempo, el recorrido esperado parecía bastante claro: finalizar la escuela, estudiar una carrera o aprender un oficio, conseguir un empleo estable, independizarse y formar una familia. Para muchos jóvenes porteños, ese camino dejó de ser lineal.

Hoy es frecuente que combinen estudio y trabajo, cambien de carrera, realicen cursos breves, aprendan de manera autónoma o desarrollen varios proyectos al mismo tiempo. La idea de elegir una profesión para toda la vida pierde fuerza frente a un escenario laboral en permanente transformación.

Un informe de Argentinos por la Educación, elaborado a partir de los resultados de las pruebas PISA, mostró que el porcentaje de estudiantes argentinos de 15 años que no podía definir qué trabajo esperaba tener a los 30 años pasó del 22% en 2018 al 52% en 2022. El dato es de alcance nacional y no representa exclusivamente a CABA, pero ayuda a dimensionar una incertidumbre que también atraviesa a sus estudiantes.

No saber todavía qué profesión elegir no significa necesariamente carecer de intereses. En muchos casos, expresa la dificultad de proyectarse en un mundo donde aparecen nuevas ocupaciones, otras desaparecen y la tecnología modifica rápidamente las habilidades requeridas.

Estudiar, pero también encontrarle sentido a lo aprendido

La educación continúa ocupando un lugar central. Terminar la escuela secundaria, ingresar a una universidad, realizar una tecnicatura o capacitarse en un oficio sigue siendo parte del proyecto de numerosos jóvenes.

Pero la relación con el estudio está cambiando. Ya no alcanza solamente con recibir un título: también buscan que la formación les permita resolver problemas reales, conseguir empleo, desarrollar proyectos propios y participar en experiencias concretas.

Las áreas vinculadas con programación, inteligencia artificial, producción audiovisual, diseño, videojuegos, comunicación digital, robótica, ambiente y energías renovables despiertan especial interés. También conservan una fuerte presencia las carreras tradicionales, la salud, la docencia, las ciencias sociales, el arte y los distintos oficios técnicos.

En una ciudad con una amplia oferta de universidades, institutos, escuelas técnicas y centros de formación, las posibilidades son numerosas. La dificultad muchas veces no está en la falta de opciones, sino en contar con orientación suficiente para reconocer capacidades, evaluar alternativas y transformar una inquietud personal en un proyecto posible.

Trabajar para vivir, no vivir solamente para trabajar

Conseguir empleo sigue siendo una de las principales preocupaciones juveniles, pero la expectativa laboral ya no se limita al salario. Muchos jóvenes valoran la flexibilidad, el buen trato, la posibilidad de aprender, el respeto por los horarios y la existencia de un propósito en las tareas que realizan.

Buscan trabajos compatibles con el estudio, espacios donde puedan expresarse y ambientes que no deterioren su bienestar. También crece el interés por el trabajo independiente, los emprendimientos digitales, la creación de contenidos y las actividades que permiten prestar servicios desde cualquier lugar.

Sin embargo, la distancia entre las expectativas y las condiciones reales puede ser considerable. El primer empleo suele estar marcado por la falta de experiencia, la informalidad, los salarios insuficientes y la dificultad para encontrar propuestas relacionadas con la formación recibida.

Las prácticas profesionalizantes, las pasantías, las mentorías y los programas de vinculación entre escuelas, universidades y empresas cumplen por eso un papel importante: permiten conocer ámbitos laborales reales antes de finalizar los estudios y descubrir que las habilidades personales —comunicación, responsabilidad, creatividad, trabajo en equipo y resolución de problemas— son tan necesarias como los conocimientos técnicos.

La casa propia, un sueño cada vez más distante

La independencia continúa siendo una aspiración poderosa. Tener un espacio propio, organizar los tiempos personales y no depender económicamente de la familia forman parte de la idea de alcanzar la adultez.

En Buenos Aires, sin embargo, el costo de los alquileres y de los gastos cotidianos dificulta ese objetivo. Para muchos jóvenes, independizarse ya no aparece como un paso inmediato después de conseguir el primer empleo, sino como un proyecto que requiere compartir vivienda, contar con ayuda familiar o permanecer más tiempo en el hogar de origen.

Por eso, cuando hablan de estabilidad, no siempre piensan en acumular bienes. Con frecuencia se refieren a algo más elemental: tener ingresos suficientes, afrontar un alquiler, estudiar sin abandonar por razones económicas y disponer de tiempo para vivir.

Viajar, conocer y acumular experiencias

Viajar aparece como otro deseo recurrente. No se trata únicamente de vacaciones: conocer otras culturas, estudiar en el exterior, trabajar temporalmente en otro país o recorrer distintos lugares se relaciona con la búsqueda de autonomía y crecimiento personal.

Las redes sociales amplifican estas aspiraciones al mostrar permanentemente otras formas de vida. Al mismo tiempo, pueden generar una comparación difícil de sostener entre la experiencia cotidiana y las imágenes cuidadosamente seleccionadas que circulan en internet.

Para algunos jóvenes, irse del país representa una oportunidad profesional. Para otros, el verdadero deseo es poder desarrollarse en la Argentina sin que la emigración sea la única alternativa para alcanzar estabilidad. Entre quedarse, viajar o partir, muchas decisiones se encuentran atravesadas por las condiciones económicas y no solamente por las preferencias personales.

La salud mental dejó de ser un tema secundario

El bienestar emocional ocupa un lugar cada vez más visible. Poder hablar de ansiedad, angustia, vínculos, identidad, presiones sociales y expectativas familiares es parte de una transformación cultural impulsada en gran medida por las nuevas generaciones.

UNICEF informó que durante 2024 un 9% de los adolescentes argentinos de entre 13 y 17 años manifestó sentirse deprimido y un 13%, angustiado. Aunque tampoco se trata de cifras específicas de la Ciudad, advierten que imaginar el futuro requiere mucho más que ofrecer oportunidades académicas o laborales.

Los jóvenes también necesitan adultos disponibles, espacios de escucha y entornos donde equivocarse no sea vivido como un fracaso definitivo. La obligación de decidir rápidamente “qué hacer con la vida” puede convertirse en una carga, especialmente cuando las condiciones externas cambian constantemente.

Tecnología: oportunidad, herramienta y preocupación

La tecnología atraviesa prácticamente todos los proyectos juveniles. Es un espacio para aprender, trabajar, crear, comunicarse y construir identidad. Muchos jóvenes sueñan con desarrollar aplicaciones, producir contenidos, diseñar videojuegos, participar en proyectos científicos o convertir una afición digital en una actividad profesional.

La inteligencia artificial amplió todavía más ese horizonte. Al mismo tiempo, abrió preguntas sobre el futuro del empleo, la privacidad, la autoría y el valor de los conocimientos humanos.

Frente a esta transformación, las habilidades más importantes no parecen ser solamente técnicas. Saber aprender, verificar información, trabajar con otras personas, comunicarse y utilizar la tecnología de manera responsable puede resultar más duradero que dominar una herramienta particular.

También sueñan con transformar lo que los rodea

Las preocupaciones ambientales, la igualdad, el respeto por las diversidades, el bienestar animal y la defensa de distintos derechos forman parte de los intereses de una porción importante de la juventud.

Su participación no siempre ocurre dentro de organizaciones tradicionales. Puede aparecer en una campaña por redes sociales, un centro de estudiantes, un proyecto escolar, un voluntariado o una intervención cultural en el barrio.

Existe una mirada crítica sobre las instituciones, pero no necesariamente falta de compromiso. En muchos casos, los jóvenes desean participar, aunque buscan formas más directas, horizontales y vinculadas con problemas concretos.

El sueño más profundo: poder elegir

Detrás de la diversidad de intereses aparece un deseo común: contar con oportunidades reales para decidir. Elegir qué estudiar, dónde trabajar, cómo vivir y qué proyecto construir sin que la situación económica determine por completo el futuro.

Los jóvenes porteños no dejaron de soñar. Sus sueños, sin embargo, conviven con una mirada menos ingenua sobre la realidad. Desean estudiar, trabajar, independizarse, viajar, crear, cuidar sus vínculos y sentirse bien. Pero también saben que alcanzar esos objetivos depende de condiciones que no pueden resolver individualmente.

Escucharlos implica abandonar dos prejuicios frecuentes: que no saben lo que quieren y que todo depende de su esfuerzo. Muchos tienen intereses definidos; otros están legítimamente explorando. Lo que necesitan no son respuestas cerradas, sino orientación, experiencias, tiempo y oportunidades.

Quizás el gran sueño juvenil no sea alcanzar una única meta extraordinaria. Para muchos, consiste en algo tan sencillo y, al mismo tiempo, tan desafiante como imaginar una vida propia y sentir que existe un camino posible para construirla.

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