Saltar al contenido
viernes 16 de octubre de 2026 | 13:49 hs Clima: ☁️ 16°C CABA Cotizaciones: Oficial $1.530 Blue $1.545 MEP $1.537,60 Tarjeta $1.989
Espectáculos

Pequeño William, una original mirada teatral sobre Shakespeare, Hamlet y el poder de la imaginación

octubre 16, 2026 · 7 min de lectura
Pequeño William, obra teatral de Adriana Tursi protagonizada por Sebastián Pajoni y dirigida por Tatiana Santana, propone una reinterpretación de Hamlet y el universo de Shakespeare en el Teatro del Pueblo de Buenos Aires.
--:--

Lectura disponible en dispositivos compatibles.

La obra escrita por Adriana Tursi, dirigida por Tatiana Santana y protagonizada por Sebastián Pajoni propone un encuentro inesperado entre la infancia de William Shakespeare y uno de los personajes más recordados de su célebre tragedia Hamlet.

Con un único actor que interpreta doce personajes, la propuesta combina humor, fantasía, emoción y recursos del teatro popular para explorar cómo nacen las grandes historias. La puesta se presentó durante 2026 en el Teatro del Pueblo, ubicado en el barrio porteño de Almagro, y ofrece una manera diferente de acercarse a uno de los grandes clásicos de la literatura universal.

Cuando Shakespeare todavía era un niño

¿Qué habría ocurrido si William Shakespeare, mucho antes de convertirse en uno de los dramaturgos más importantes de todos los tiempos, hubiera conocido a un juglar dispuesto a contarle una historia de fantasmas?

Sobre esa posibilidad imaginaria se construye Pequeño William, una creación de la dramaturga argentina Adriana Tursi que recupera el universo de Hamlet desde una perspectiva poco convencional.

La historia presenta a un joven William que escucha las narraciones de Yorick, el bufón que los lectores de Shakespeare conocen por una de las escenas más emblemáticas de Hamlet, cuando el príncipe sostiene su calavera y reflexiona sobre la muerte y el paso del tiempo.

Sin embargo, en esta propuesta teatral, Yorick no es un recuerdo ni un objeto asociado con la muerte. Es un personaje vivo, un narrador capaz de transformar palabras, gestos y objetos cotidianos en acontecimientos extraordinarios.

El encuentro entre ambos permite imaginar el nacimiento de una historia que, siglos después, se convertiría en una de las tragedias más representadas del mundo.

La propuesta no pretende reconstruir históricamente la infancia de Shakespeare. Se trata de una ficción que utiliza la libertad del teatro para preguntarse de dónde surgen las historias y qué lugar ocupa la imaginación durante los primeros años de vida.

Un solo actor para dar vida a doce personajes

Uno de los aspectos más particulares del espectáculo es su formato interpretativo. Sebastián Pajoni asume el desafío de construir doce personajes mediante cambios de voz, movimientos corporales, gestualidad y diferentes registros expresivos.

Lejos de recurrir a un elenco numeroso, la puesta concentra la acción en el trabajo de un único intérprete, que debe sostener el ritmo narrativo y permitir que el espectador reconozca a los distintos protagonistas.

Esta elección convierte al cuerpo del actor en una herramienta central del relato. La transformación ocurre frente al público, sin necesidad de grandes modificaciones escenográficas.

El personaje de Yorick funciona como conductor de la historia. A través de su imaginación, la narración incorpora situaciones, conflictos y figuras vinculadas con Hamlet, mientras mantiene un diálogo con el pequeño William.

El niño, por su parte, no necesita aparecer físicamente representado por otro intérprete. Su presencia se construye mediante las palabras, las reacciones y el juego escénico del protagonista.

Así, el público participa de una convención teatral en la que lo invisible adquiere presencia y los personajes pueden surgir a partir de los recursos más sencillos.

Una versión de Hamlet que recupera el juego y el humor

Aunque Hamlet es una tragedia atravesada por la traición, la venganza, la muerte y los conflictos familiares, Pequeño William encuentra una manera de abordar ese universo mediante el humor y la imaginación.

La dramaturgia no busca reproducir literalmente la obra original. En cambio, propone imaginar cómo sus personajes y acontecimientos podrían surgir de una conversación entre un niño curioso y un narrador experimentado.

El resultado es una construcción teatral que alterna momentos lúdicos con situaciones de mayor intensidad dramática.

La infancia ocupa un lugar fundamental en esta interpretación. No aparece únicamente como una etapa de la vida, sino como un territorio donde todavía resulta posible transformar cualquier objeto en un personaje, inventar mundos y encontrar explicaciones fantásticas para los acontecimientos.

Esta mirada permite acercar el universo shakespeariano a espectadores que quizás no conocen en profundidad la tragedia original, sin abandonar las preguntas sobre la existencia, la memoria y las relaciones humanas que atraviesan la obra de Shakespeare.

Una puesta donde los objetos cotidianos se transforman

La dirección de Tatiana Santana apuesta por una construcción escénica en la que los elementos materiales adquieren nuevos significados.

Una silla, una manta, un mantel o un juego de té pueden convertirse en herramientas para representar situaciones y personajes. El procedimiento recupera una característica esencial del teatro: la capacidad de transformar objetos comunes mediante la actuación y la imaginación compartida.

El espejo que forma parte de la escenografía también cumple una función significativa. Además de su presencia visual, permite establecer relaciones con la identidad, las apariencias y la búsqueda de la verdad, cuestiones centrales en el universo de Hamlet.

La iluminación diseñada por Diego Becker acompaña las diferentes atmósferas de la narración, mientras que la musicalización de Santiago Otero Ramos contribuye a construir los momentos de tensión, humor y emoción.

El diseño de escenografía y vestuario corresponde a Alejandro Mateo.

La combinación de estos recursos sostiene una propuesta que no depende de grandes despliegues tecnológicos, sino de la relación directa entre el intérprete, el espacio y los espectadores.

El Teatro del Pueblo y su vínculo con la escena independiente porteña

La elección del Teatro del Pueblo como escenario de esta propuesta también permite recordar el lugar que ocupa esta institución dentro de la historia cultural de Buenos Aires.

Fundado en 1930 por Leónidas Barletta, el Teatro del Pueblo es una referencia histórica del movimiento teatral independiente argentino. Su aparición estuvo vinculada con la búsqueda de nuevas formas de producción y circulación artística, alejadas de los modelos exclusivamente comerciales.

A lo largo de su trayectoria, el proyecto contribuyó a consolidar una concepción del teatro como expresión cultural, espacio de encuentro y herramienta de reflexión social.

Actualmente, su sala de la calle Lavalle 3636 forma parte del circuito teatral porteño y recibe producciones de diferentes autores, directores e intérpretes.

En ese contexto, Pequeño William dialoga con una tradición que valora la creatividad escénica, el trabajo actoral y las nuevas lecturas de textos clásicos.

Una invitación a redescubrir el origen de las historias

Más allá de su relación con Shakespeare, la obra plantea una pregunta que atraviesa generaciones: ¿por qué necesitamos contar historias?

Desde la infancia, los relatos permiten imaginar otras realidades, comprender emociones, enfrentar temores y construir explicaciones sobre aquello que todavía no conocemos.

La propuesta de Adriana Tursi convierte esa experiencia en materia teatral. El encuentro entre Yorick y William funciona como una representación de ese momento en que alguien comienza a narrar y otra persona acepta ingresar en el universo de la ficción.

También recupera una dimensión colectiva del teatro. Aunque la actuación está a cargo de una sola persona, el relato necesita de la imaginación del público para completarse.

Pequeño William se suma así a las propuestas de la escena independiente de Buenos Aires que encuentran nuevas posibilidades expresivas en las grandes obras de la literatura universal.

Una historia que invita a mirar a Shakespeare antes de convertirse en Shakespeare y a reconocer que, detrás de los personajes más célebres de la dramaturgia, también existe algo profundamente humano: la curiosidad de un niño que quiere escuchar un cuento.

Información útil

  • Obra: Pequeño William.
  • Teatro: Teatro del Pueblo.
  • Dirección: Lavalle 3636, barrio de San Nicolás, Ciudad de Buenos Aires.
  • Funciones: sábados a las 21:30.
  • Temporada anunciada: hasta el 31 de octubre de 2026.
  • Duración: 60 minutos.
  • Entradas: desde $15.000, según disponibilidad y categoría.
  • Venta de entradas: Alternativa Teatral.
  • Sitio oficial del teatro: Teatro del Pueblo.

¿Qué te pareció esta información? Tu opinión

0 lectores reaccionaron reacciones