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Educación

La Ciudad lanzó un nuevo “Marco de Cuidado” para las escuelas porteñas: qué cambia para estudiantes, docentes y familias

septiembre 1, 2026 · 9 min de lectura

El nuevo protocolo alcanza a establecimientos estatales y privados de todos los niveles y establece responsabilidades para el cuidado, el orden y la limpieza de los espacios escolares. También contempla qué ocurrirá frente a daños intencionales, propone jornadas de reparación y obliga a las escuelas a avanzar con planes de gestión integral de residuos.

El Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires presentó este viernes 28 de agosto un nuevo “Marco general para la cultura del cuidado en establecimientos educativos”, una iniciativa que busca establecer criterios comunes para el cuidado de las escuelas y convertir el mantenimiento de los espacios compartidos en parte de la experiencia educativa.

La medida alcanza a todos los niveles y modalidades del sistema educativo porteño, tanto de gestión estatal como privada, y asigna diferentes responsabilidades a estudiantes, docentes, equipos directivos y al resto del personal de las instituciones.

El principio que atraviesa el nuevo esquema es sencillo: aulas, patios, comedores y espacios comunes deberán quedar limpios, ordenados y en condiciones adecuadas después de ser utilizados.

Sin embargo, el alcance de la iniciativa es más amplio. Incluye acciones para prevenir daños, promover el sentido de pertenencia, organizar la separación de residuos, recuperar espacios deteriorados y establecer mecanismos institucionales para actuar frente a situaciones de vandalismo.

El cuidado de la escuela pasa a ser una responsabilidad compartida

El Ministerio explicó que numerosas instituciones ya desarrollaban iniciativas vinculadas con el cuidado de los edificios escolares, pero hasta ahora no existía un marco general que organizara esas prácticas para todo el sistema.

Con el nuevo esquema, cada integrante de la comunidad educativa tendrá un papel.

Los estudiantes deberán colaborar con el mantenimiento del orden de los espacios que utilizan, cuidar el mobiliario y evitar daños en paredes, baños, espacios verdes y otros sectores de la institución.

Los docentes, por su parte, tendrán la función de acompañar la construcción de esos hábitos, mientras que los equipos de conducción deberán liderar la implementación de las iniciativas dentro de cada establecimiento.

“En algunas escuelas de la Ciudad, y en muchos sistemas educativos del mundo, el cuidado y el mantenimiento del orden y la limpieza es tarea de toda la comunidad educativa. Nos proponemos extender estas prácticas y establecer un marco común para el cuidado de todas nuestras escuelas”, explicó la ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel.

La funcionaria señaló además que el Ministerio observa diferencias a medida que los estudiantes avanzan en su escolaridad.

“Observamos que el hábito del cuidado y el orden, tan presentes en las aulas del jardín de infantes, comienza a cambiar a lo largo de la primaria y, especialmente, en la secundaria. La escuela es el espacio que cientos de miles de estudiantes comparten todos los días y donde incorporan hábitos que los acompañarán durante toda la vida. Por eso, aprender a cuidarla también es parte de su formación”, sostuvo Miguel.

“Embajadores del cuidado” y últimos minutos para ordenar el aula

Una de las particularidades del nuevo marco es que no se limita a establecer obligaciones generales, sino que propone diferentes estrategias para llevarlas a la práctica.

Entre ellas aparece la figura de los “Embajadores del cuidado”.

La propuesta consiste en que los cursos asuman semanalmente y de manera rotativa la responsabilidad de verificar determinados sectores de la escuela.

Otra iniciativa se denomina “Últimos minutos para el cuidado del espacio”. La idea es destinar los minutos anteriores al cambio de actividad o a la finalización de la jornada a revisar cómo quedó el lugar utilizado.

De esta manera, ordenar un aula o espacio de trabajo dejaría de ser considerado exclusivamente una tarea posterior realizada por otra persona y pasaría a formar parte de la rutina de quienes utilizaron ese ámbito.

También se propone implementar “Anfitriones de una nueva cultura”, mediante el acompañamiento entre pares de los estudiantes que ingresan por primera vez a una institución.

¿Los alumnos tendrán que limpiar las escuelas?

El anuncio puede generar una interpretación inmediata: que los estudiantes pasarán a reemplazar las tareas del personal encargado de la limpieza.

El contenido difundido oficialmente, sin embargo, plantea el programa desde otra perspectiva.

El nuevo marco habla de responsabilidades vinculadas con mantener ordenados los espacios utilizados, cuidar el mobiliario, evitar la vandalización y participar de diferentes iniciativas institucionales de cuidado.

Entre las acciones propuestas aparecen, por ejemplo, jornadas de reparación de mobiliario, recuperación de espacios comunes, realización de murales, cuidado de huertas y espacios verdes y control del estado de los sectores utilizados.

Por lo tanto, el eje anunciado por el Ministerio está puesto en generar hábitos de cuidado y corresponsabilidad dentro de la comunidad educativa y no simplemente en trasladar las tareas habituales de limpieza a estudiantes y docentes.

Qué ocurrirá cuando haya grafitis, roturas o vandalismo

Uno de los puntos más relevantes del nuevo marco aparece frente a los daños provocados intencionalmente.

El Gobierno porteño estableció una diferenciación entre los desperfectos que requieren una intervención urgente y aquellos daños intencionales que pueden ser abordados por la propia comunidad educativa.

Entre los ejemplos mencionados oficialmente aparecen grafitis en paredes o mobiliario, roturas intencionales de bancos o puertas y daños provocados en baños.

Cuando se produzcan situaciones de estas características y no sea necesaria una intervención urgente, el equipo de conducción deberá trabajar junto con la cooperadora escolar para elaborar una estrategia destinada a reparar o subsanar el daño.

El marco contempla, entre las posibles respuestas, la realización de “jornadas de reparación y recuperación” con participación de los estudiantes.

La disposición representa uno de los cambios más significativos del nuevo esquema: determinados daños intencionales dejarán de ser considerados únicamente como un problema de mantenimiento edilicio externo y pasarán a generar una respuesta dentro de la propia comunidad de la institución.

Según la información oficial, en estos casos la comunidad educativa deberá absorber la reparación y los cargos correspondientes cuando no se requiera una intervención urgente.

Murales y recuperación de espacios vandalizados

El Ministerio también plantea estrategias que buscan prevenir nuevos daños y recuperar sectores deteriorados.

Una de ellas consiste en desarrollar murales estudiantiles en paredes que son vandalizadas frecuentemente.

También se propone recuperar espacios verdes mediante huertas escolares o jardines de polinizadores y organizar jornadas de mantenimiento de mobiliario y lugares comunes con participación de estudiantes.

A esto se podrán sumar campañas institucionales con mensajes positivos elaborados junto con los propios alumnos.

Las escuelas también podrán implementar indicadores visibles que permitan observar los resultados de las acciones. Entre los ejemplos oficiales aparecen la cantidad de aulas que permanecen ordenadas al finalizar la jornada o el porcentaje de cestos en los que se realiza correctamente la separación de residuos.

Otra herramienta propuesta son los denominados “acuerdos de cuidado”, elaborados junto con los estudiantes.

Cada escuela deberá avanzar con un plan de residuos

El Marco de Cuidado incorpora además un componente ambiental importante.

Cada establecimiento deberá implementar un Plan Institucional de Gestión Integral de Residuos.

El esquema contempla la designación de un Referente Ambiental encargado de coordinar su implementación, la disposición adecuada de equipamiento para separar los residuos y la conformación de un Comité Ambiental.

Ese comité deberá integrar a diferentes sectores de la comunidad, incluidos directivos, docentes, estudiantes y familias, y tendrá entre sus funciones realizar auditorías periódicas y promover campañas de sensibilización.

Las escuelas deberán contemplar las distintas clases de residuos que producen.

El listado oficial comprende materiales reciclables como papel, plástico, vidrio y metales; residuos orgánicos que pueden destinarse al compostaje; aparatos eléctricos y electrónicos; bienes en desuso; restos de obras y poda; aceite vegetal usado y residuos específicos provenientes de talleres y laboratorios.

Este último aspecto tiene especial importancia en establecimientos que, por sus características, generan residuos diferentes de los habituales, como las escuelas técnicas.

Una “Estación Ambiental” dentro de las instituciones

Entre las estrategias sugeridas aparece además la creación de una “Estación Ambiental”, destinada al acopio y la gestión de residuos con una finalidad pedagógica.

El plan establece equipamiento específico para la separación: cestos de 25 o 50 litros destinados a residuos reciclables y basura, además de contenedores verdes de 240 litros para acopio.

También se contemplan campañas de “despapelización” para retirar cartelería, afiches y materiales que hayan dejado de ser necesarios.

El objetivo es que la cuestión ambiental no quede reducida a disponer diferentes cestos, sino que exista una organización institucional alrededor de la separación y disposición de los distintos residuos.

El diagnóstico detrás de la decisión

La implementación del nuevo marco también está vinculada con un diagnóstico sobre convivencia y cuidado de los espacios escolares.

Según información difundida sobre la iniciativa, el Ministerio de Educación trabajó junto con la Universidad de San Andrés en un relevamiento que alcanzó a 3.000 estudiantes de primero a tercer año pertenecientes a 42 escuelas secundarias distribuidas en las 15 comunas porteñas.

El análisis también incluyó entrevistas con integrantes de las comunidades educativas.

Una de las conclusiones señaladas es la relación existente entre el clima institucional y las conductas de cuidado: en aquellas instituciones donde existe mayor respeto mutuo se registran mejores prácticas de preservación de los espacios.

También se observó una relación entre el sentido de pertenencia y el cuidado de la institución: los estudiantes que manifiestan una mayor identificación y orgullo por su escuela presentan mayor predisposición a protegerla.

Un cambio que llegará a escuelas estatales y privadas

El alcance de la medida es otro aspecto central: no está limitada exclusivamente a las escuelas públicas.

El Ministerio confirmó que el nuevo Marco general para la cultura del cuidado comprende todos los niveles y modalidades educativas y alcanza tanto a establecimientos de gestión estatal como privada de la Ciudad de Buenos Aires.

Su aplicación implicará que las escuelas incorporen progresivamente diferentes prácticas institucionales destinadas al cuidado de aulas, mobiliario, patios, baños, comedores, espacios verdes y sectores comunes.

La propuesta combina así reglas de convivencia, educación ambiental, prevención del vandalismo y participación estudiantil.

El desafío estará ahora en su implementación concreta dentro de instituciones muy diferentes entre sí y, especialmente, en cómo se delimitarán en la práctica las responsabilidades de estudiantes, docentes, auxiliares, equipos directivos y cooperadoras.

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