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Salud

Cómo detectar un ACV y actuar a tiempo para reducir sus secuelas

septiembre 4, 2026 · 8 min de lectura
Cómo detectar un ACV y actuar a tiempo ante síntomas como asimetría facial, debilidad en un brazo o dificultades en el habla en la Ciudad de Buenos Aires

Reconocer rápidamente las señales de un accidente cerebrovascular y pedir asistencia médica inmediata puede salvar una vida y disminuir el riesgo de discapacidad.

El ACV aparece de manera repentina y puede afectar el movimiento, el habla, la visión o el equilibrio. En la Ciudad de Buenos Aires, ante cualquiera de estos síntomas se debe llamar de inmediato al 107. El SAME activa un protocolo específico y deriva al paciente al hospital de la red pública con capacidad para atender el caso.

Qué es un accidente cerebrovascular

Un accidente cerebrovascular, conocido por sus siglas ACV, ocurre cuando una parte del cerebro deja de recibir adecuadamente sangre, oxígeno y nutrientes.

Puede producirse de dos maneras:

  • ACV isquémico: sucede cuando un coágulo o una obstrucción impide el paso de sangre por una arteria cerebral.
  • ACV hemorrágico: ocurre cuando un vaso sanguíneo se rompe y provoca una hemorragia dentro o alrededor del cerebro.

Aunque los síntomas pueden ser similares, los tratamientos son diferentes. Para determinar de qué tipo de ACV se trata, los profesionales deben realizar una evaluación médica y estudios por imágenes, como una tomografía computada o una resonancia magnética. Por ese motivo, la Organización Mundial de la Salud considera que toda sospecha de ACV debe tratarse como una emergencia.

Las tres pruebas que pueden ayudar a detectar un ACV

Ante un cambio repentino en el estado de una persona, existen tres comprobaciones sencillas que permiten reconocer algunas de las señales más frecuentes.

Pedirle que sonría

Hay que observar si ambos lados de la cara se mueven de la misma manera. Una sonrisa torcida, la caída de una comisura de la boca o la falta de movimiento en un lado de la cara pueden indicar un ACV.

Pedirle que levante los dos brazos

La persona debe intentar mantener ambos brazos elevados. Si uno de ellos cae, no puede levantarlo o presenta una pérdida repentina de fuerza o sensibilidad, es necesario pedir asistencia médica inmediatamente.

Pedirle que repita una frase sencilla

Se debe comprobar si puede hablar con claridad y comprender la indicación. Las palabras arrastradas, una pronunciación extraña, la imposibilidad de completar una frase o la dificultad para entender lo que se le dice constituyen señales de alarma.

No es necesario que aparezcan las tres manifestaciones al mismo tiempo. La presencia de una sola de ellas justifica el llamado inmediato al servicio de emergencias.

Otras señales que no deben ignorarse

Además de las alteraciones en la cara, los brazos y el habla, el ACV puede presentarse con otros síntomas repentinos:

  • Pérdida de fuerza, adormecimiento o falta de sensibilidad en la cara, un brazo o una pierna, especialmente de un solo lado del cuerpo.
  • Dificultad para caminar o mantenerse de pie.
  • Mareo intenso, pérdida del equilibrio o falta de coordinación.
  • Pérdida total o parcial de la visión, visión doble o alteraciones visuales súbitas.
  • Dolor de cabeza muy intenso, repentino y sin una causa evidente.
  • Confusión o dificultad para comprender indicaciones sencillas.

Estos síntomas forman parte de las señales de alerta difundidas por el Ministerio de Salud de la Ciudad y la Organización Mundial de la Salud.

Qué hacer ante la sospecha de un ACV

La primera medida es llamar inmediatamente al 107, la línea gratuita del SAME para emergencias médicas en la Ciudad de Buenos Aires. El servicio funciona las 24 horas y cubre todo el territorio porteño.

Durante la comunicación es importante:

  • Informar claramente que se sospecha de un ACV.
  • Describir los síntomas observados.
  • Indicar la dirección exacta donde se encuentra la persona.
  • Recordar o registrar a qué hora comenzaron los síntomas.
  • Si no se conoce el momento preciso, indicar cuándo fue vista por última vez sin esas alteraciones.
  • Seguir las instrucciones proporcionadas por el operador.

Conocer el horario de inicio ayuda a los profesionales a determinar qué tratamientos pueden aplicarse. Algunas intervenciones solamente resultan posibles durante las primeras horas y dependen del tipo de ACV, la localización de la lesión y las condiciones clínicas del paciente.

Mientras llega la ambulancia, la persona debe permanecer acompañada y en un lugar seguro. No se le deben dar alimentos, bebidas ni medicamentos, salvo indicación expresa del personal de emergencias. El ACV puede afectar la capacidad para tragar y aumentar el riesgo de aspiración.

Tampoco se debe administrar aspirina por cuenta propia. Algunos ACV son provocados por una hemorragia y este medicamento podría agravar el sangrado. La medicación adecuada solo puede definirse después de los estudios correspondientes.

No hay que esperar a que los síntomas desaparezcan

En algunos casos, las manifestaciones duran pocos minutos y luego desaparecen. Esta mejoría no significa que el peligro haya pasado.

Podría tratarse de un ataque isquémico transitorio, conocido como AIT, que se produce por una interrupción temporal de la circulación sanguínea cerebral. Aunque no deje síntomas permanentes, constituye una advertencia y requiere una evaluación médica urgente.

Esperar para comprobar si la persona se recupera, acostarla con la intención de que descanse o postergar la consulta hasta el día siguiente puede hacer perder un tiempo decisivo.

Cómo funciona la atención del ACV en la Ciudad

La Ciudad cuenta desde 2025 con una Red Única de Atención para los casos de ACV isquémico. El sistema articula el trabajo del SAME, las guardias hospitalarias, los equipos de diagnóstico por imágenes, los servicios especializados y los centros de rehabilitación.

Ante una sospecha, el SAME puede activar el denominado Código ACV, comunicar el caso al establecimiento correspondiente y trasladar al paciente al hospital con capacidad resolutiva más cercano. Esta coordinación evita demoras y permite que el equipo médico, el tomógrafo y los recursos necesarios estén preparados para recibirlo.

La red pública incluye unidades especializadas en los hospitales Ramos Mejía y Pirovano, además de equipos dedicados a la atención del ACV en los hospitales Fernández, Santojanni, Argerich y Durand. Según datos oficiales, aproximadamente 1.500 personas atraviesan cada año un ACV en la Ciudad.

El funcionamiento de esta red es una de las razones por las que resulta fundamental solicitar una ambulancia y explicar desde el primer momento que se sospecha de un accidente cerebrovascular. El SAME determina el establecimiento más adecuado de acuerdo con la situación clínica y la capacidad disponible. La información oficial sobre la red puede consultarse en el sitio del Gobierno porteño.

Por qué cada minuto resulta decisivo

Cuando se interrumpe la circulación sanguínea, las células cerebrales comienzan a sufrir daño. Cuanto más tiempo permanece una arteria bloqueada o continúa una hemorragia, mayores pueden ser las consecuencias.

En determinados ACV isquémicos, los médicos pueden utilizar medicamentos para disolver el coágulo o realizar una trombectomía, un procedimiento destinado a retirar la obstrucción mediante técnicas endovasculares. En los ACV hemorrágicos, el tratamiento puede requerir el control de la presión arterial, cuidados intensivos o una intervención quirúrgica.

No todas las personas son candidatas a los mismos procedimientos. La decisión depende de los estudios por imágenes, el tiempo transcurrido, el área cerebral afectada y la evaluación del equipo médico.

Factores que aumentan el riesgo

El ACV puede afectar a personas de diferentes edades, aunque la probabilidad aumenta con el paso de los años. Existen factores que no pueden modificarse, como la edad, los antecedentes familiares o haber atravesado anteriormente un ACV.

Otros factores sí pueden controlarse:

  • Hipertensión arterial.
  • Diabetes.
  • Colesterol elevado o dislipidemia.
  • Tabaquismo y exposición al humo del tabaco.
  • Sedentarismo.
  • Sobrepeso y obesidad.
  • Alimentación con exceso de sal, grasas saturadas y azúcares.
  • Consumo perjudicial de alcohol.
  • Algunas enfermedades cardíacas, como la fibrilación auricular.

La hipertensión es uno de los principales factores asociados. Puede permanecer durante años sin provocar síntomas, por lo que resulta importante controlar periódicamente la presión arterial y cumplir el tratamiento indicado.

La prevención también forma parte de la respuesta

El riesgo puede reducirse mediante controles médicos regulares, actividad física adaptada a cada persona, una alimentación equilibrada, la disminución del consumo de sal, el abandono del tabaco y el tratamiento adecuado de la hipertensión, la diabetes y el colesterol.

Las personas que reciben medicación no deben suspenderla ni modificar las dosis por cuenta propia, incluso cuando los valores se encuentren dentro de los parámetros esperados. El Ministerio de Salud de la Nación recuerda que esos resultados suelen indicar que el tratamiento está funcionando y no que la enfermedad haya desaparecido.

Información útil

Ante síntomas compatibles con un ACV en la Ciudad de Buenos Aires:

  • Llamar al 107.
  • Informar que se sospecha de un accidente cerebrovascular.
  • Indicar el momento en que comenzaron los síntomas.
  • No esperar a que las manifestaciones desaparezcan.
  • No administrar alimentos, bebidas, aspirina ni otros medicamentos sin indicación profesional.

El SAME brinda atención gratuita de emergencias médicas durante las 24 horas en toda la Ciudad.

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