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Curiosidades

Saint-Exupéry vivió en el centro porteño con una foca como mascota

septiembre 30, 2026 · 4 min de lectura
Antoine de Saint-Exupéry vivió en la Galería Güemes, en el centro de Buenos Aires, durante su etapa como aviador en Argentina y protagonizó la curiosa historia de una foca que mantuvo como mascota en su departamento

Mucho antes de que El Principito se convirtiera en una de las obras más conocidas de la literatura universal, Antoine de Saint-Exupéry pasó una etapa decisiva de su vida en la Argentina. El escritor y aviador francés se instaló en pleno centro de Buenos Aires, en un departamento de la histórica Galería Güemes.

Su estadía porteña dejó una de las historias más insólitas vinculadas con el edificio: después de uno de sus viajes al sur del país, Saint-Exupéry llevó una pequeña foca hasta su departamento y la instaló en la bañera. La particular mascota convivió así con el aviador en pleno corazón de la Ciudad.

Un aviador francés en Buenos Aires

Saint-Exupéry llegó a la Argentina en 1929 para desempeñarse en la actividad aeropostal y permaneció en el país durante más de un año. En Buenos Aires eligió como residencia un departamento ubicado en el sexto piso de la Galería Güemes, uno de los edificios emblemáticos del centro porteño.

La Galería General Güemes había sido inaugurada en 1915 y se convirtió en una construcción singular por sus dimensiones, su arquitectura y la combinación de espacios comerciales, oficinas y residencias. Saint-Exupéry forma parte de la historia del edificio por haber establecido allí su residencia durante su paso por Buenos Aires.

El inmueble conserva además un fuerte valor patrimonial y continúa siendo uno de los sitios históricos más reconocibles del microcentro porteño.

La foca que terminó viviendo en una bañera

La relación de Saint-Exupéry con los animales permite comprender mejor una de las anécdotas más llamativas de su estadía argentina.

Durante uno de sus viajes al sur del país, el aviador llevó consigo una pequeña foca hasta Buenos Aires. Una vez en su departamento de la Galería Güemes, la instaló en la bañera y la convirtió temporalmente en su mascota.

El episodio no quedó solamente como una leyenda urbana. La historia aparece documentada en material biográfico sobre la permanencia del escritor en la Argentina y el propio Saint-Exupéry hizo referencia a la particular mascota en su correspondencia familiar.

La escena resulta especialmente llamativa por el contraste: una pequeña foca proveniente del sur argentino viviendo en un departamento de uno de los edificios más sofisticados del Buenos Aires de comienzos de la década de 1930.

El departamento 605

La residencia porteña de Saint-Exupéry estaba identificada como departamento 605, en el sexto piso de la Galería Güemes. Allí vivió durante una etapa en la que Buenos Aires funcionaba como centro de operaciones de su actividad vinculada con la aviación postal.

El lugar estaba lejos de ser solamente una base para descansar entre vuelo y vuelo. Durante su período argentino, Saint-Exupéry desarrolló también parte de su actividad literaria y comenzó a trabajar en Vuelo nocturno, obra estrechamente relacionada con sus experiencias como aviador.

Su trabajo lo llevó a recorrer grandes distancias y a participar del desarrollo de las rutas aeropostales hacia distintas regiones del país. La experiencia argentina, especialmente sus vuelos y los paisajes del sur, terminó ocupando un lugar relevante en su trayectoria personal y literaria.

Una historia porteña anterior a El Principito

Hay un detalle cronológico que vuelve todavía más interesante su paso por Buenos Aires: cuando Saint-Exupéry vivió en la Ciudad todavía faltaban varios años para la publicación de El Principito.

Su residencia en la Galería Güemes pertenece a una etapa anterior de su producción literaria y permite descubrir otra faceta del escritor: la del piloto que atravesaba enormes extensiones del territorio argentino, regresaba al centro porteño y transformaba parte de aquellas experiencias en literatura.

Y, entre viaje y viaje, convivía con una mascota absolutamente inesperada para un departamento de Buenos Aires: una pequeña foca instalada en la bañera.

La historia permanece como una de las grandes curiosidades asociadas a la Galería Güemes y suma otro capítulo al vínculo de Saint-Exupéry con la Argentina, mucho antes de que su nombre quedara definitivamente asociado con el pequeño príncipe llegado de otro planeta.

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