El Obelisco que los porteños quisieron tirar abajo
Hoy parece inseparable del paisaje porteño, pero hubo un momento en que el Obelisco estuvo a punto de desaparecer. Apenas tres años después de su inauguración, el Concejo Deliberante de la Ciudad aprobó una ordenanza que disponía su demolición.
El monumento diseñado por el arquitecto Alberto Prebisch había sido inaugurado el 23 de mayo de 1936 para conmemorar el cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires. Su aspecto moderno y monumental generó fuertes resistencias desde el comienzo. En 1939, los concejales votaron por amplia mayoría para derribarlo. La decisión finalmente fue vetada y aquel polémico recién llegado terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles de la Ciudad.
Un monumento moderno que no convencía a todos
La construcción del Obelisco formó parte de una etapa de profundas transformaciones urbanas de Buenos Aires. El proyecto estuvo a cargo de Alberto Prebisch, uno de los principales referentes de la arquitectura moderna argentina, y fue levantado en la Plaza de la República.
El lugar elegido también tenía una particular importancia para la historia porteña. Allí se encontraba anteriormente la iglesia de San Nicolás de Bari, en cuya torre se había izado por primera vez la Bandera argentina en Buenos Aires, en 1812. El templo fue demolido en el marco de las grandes modificaciones urbanas vinculadas con la apertura de la Avenida 9 de Julio.
Las obras avanzaron rápidamente durante 1936 y el 23 de mayo de ese año se realizó la inauguración. El resultado fue una estructura de hormigón armado de 67,5 metros de altura que contrastaba fuertemente con buena parte de la arquitectura que la rodeaba.
Y no todos quedaron conformes.
La resistencia al nuevo Obelisco
La actual identificación entre Buenos Aires y el Obelisco puede hacer difícil imaginar el rechazo que provocó durante sus primeros años. El monumento generó fuertes polémicas por sus dimensiones y por la sencillez de su diseño. La resistencia llegó a ser tan marcada que algunas crónicas de la época hablaban de una verdadera “obeliscofobia”.
Las críticas no eran solamente estéticas. También existían cuestionamientos sobre la manera en que se había decidido su construcción y, poco después, apareció un problema que dio nuevos argumentos a sus detractores.
El 21 de junio de 1938 se desprendieron partes de su revestimiento. El episodio volvió a poner al monumento en discusión y sumó un argumento relacionado con la seguridad.
El Obelisco estaba originalmente revestido con lajas de piedra blanca calcárea de Córdoba. Después de los desprendimientos, ese revestimiento terminaría siendo retirado y reemplazado por mampostería y revoque.
El día en que votaron demolerlo
La polémica alcanzó su punto máximo en junio de 1939.
El Concejo Deliberante de la Ciudad trató directamente el futuro del monumento y aprobó la Ordenanza 10.251, que disponía su demolición. La votación fue contundente: 23 votos a favor y solamente uno en contra. Entre los argumentos planteados aparecían cuestiones de seguridad, estéticas y económicas.
Así, apenas tres años después de su inauguración, el monumento construido para recordar los cuatro siglos de Buenos Aires tenía encaminada oficialmente su desaparición.
Pero la demolición nunca ocurrió.
El veto que cambió la historia
La decisión generó la intervención del entonces presidente de la Nación, Roberto Marcelino Ortiz. El argumento para preservar la construcción señalaba, entre otras cuestiones, que el monumento recordaba un acontecimiento histórico relevante, la primera fundación de Buenos Aires, y que el Ministerio de Obras Públicas asumiría el costo de las reparaciones.
Finalmente, el intendente Arturo Goyeneche vetó la ordenanza aprobada por los concejales.
El Obelisco se quedó en pie.
Los problemas del revestimiento también fueron solucionados. Las lajas originales fueron retiradas y reemplazadas, modificando el acabado exterior de la estructura pero conservando el monumento diseñado por Prebisch.
De monumento cuestionado a símbolo porteño
El paso del tiempo produjo una transformación difícil de imaginar para quienes pretendían demolerlo en 1939.
El Obelisco pasó de ser una obra resistida a convertirse en uno de los principales símbolos visuales de Buenos Aires. Su ubicación en la Plaza de la República, en el cruce de las avenidas Corrientes y 9 de Julio, también lo transformó en escenario habitual de celebraciones, manifestaciones y acontecimientos públicos.
Su importancia patrimonial quedó formalmente reconocida décadas después. Actualmente cuenta con protección patrimonial de la Ciudad y también fue declarado Monumento Histórico Nacional.
La historia encierra una de las grandes paradojas urbanas porteñas: el monumento que Buenos Aires estuvo a punto de demoler terminó convirtiéndose en una de sus imágenes más reconocibles.
Aquel Obelisco que provocaba críticas, discusiones y pedidos de demolición sobrevivió a la votación de 1939. Noventa años después de su inauguración, continúa en el mismo lugar y su historia demuestra que algunos de los símbolos más arraigados de una ciudad no siempre fueron aceptados desde el comienzo.
¿Qué te pareció esta información? Tu opinión
0 lectores reaccionaron reacciones
