¿Conocías a los personajes de Quino? Una guía para descubrir a Mafalda y su mundo
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Para varias generaciones, nombres como Mafalda, Felipe, Manolito o Susanita forman parte de la cultura popular argentina. Pero para muchos adolescentes de hoy esos personajes pueden ser apenas dibujos que alguna vez vieron en un libro escolar, una publicación en redes sociales o una escultura en las calles de Buenos Aires.
Detrás de ellos estaba Joaquín Salvador Lavado Tejón, más conocido como Quino, uno de los grandes referentes del humor gráfico argentino. A través de personajes infantiles, situaciones familiares y escenas de la vida cotidiana logró hablar de temas mucho más grandes: la amistad, la escuela, la política, la desigualdad, la paz, el poder, el dinero y las contradicciones del mundo adulto.
¿Quién era Quino?
Quino nació en Mendoza en 1932. Desde muy pequeño estuvo relacionado con el dibujo gracias a su tío Joaquín Tejón, pintor y diseñador gráfico. A los 13 años comenzó a estudiar Bellas Artes, aunque años después abandonó esos estudios decidido a dedicarse a las historietas y al humor gráfico.
Su camino profesional no comenzó directamente con Mafalda. En 1954 consiguió publicar su primera página y durante los años siguientes sus trabajos fueron apareciendo en distintos diarios y revistas. En 1963 publicó Mundo Quino, su primer libro de humor gráfico.
La fama internacional llegaría poco después gracias a una niña de pelo negro, moño en la cabeza y una enorme cantidad de preguntas.
Mafalda nació de una publicidad que nunca se hizo
La historia tiene una curiosidad que probablemente sorprenda a quienes recién descubren al personaje: Mafalda fue creada originalmente para una campaña publicitaria.
Quino había recibido el encargo de realizar una historieta para promocionar una línea de electrodomésticos. La campaña finalmente no se concretó, pero el dibujante conservó al personaje. El 29 de septiembre de 1964, Mafalda comenzó a publicarse en el semanario Primera Plana. Luego pasó por otros medios y terminó convirtiéndose en un fenómeno que trascendió la Argentina.
Quino continuó realizando la tira hasta 1973. Sin embargo, dejar de producir nuevas historietas no significó el final de Mafalda: sus libros continuaron publicándose y sus personajes alcanzaron lectores de numerosos países.
Mafalda, la chica que preguntaba lo que los grandes preferían no responder
Mafalda es una niña de clase media argentina preocupada por la humanidad y la paz mundial, con una mirada crítica sobre el mundo que recibe de los adultos.
Pero su universo funciona porque no está sola. Quino fue incorporando personajes con personalidades muy diferentes entre sí, y esas diferencias le permitieron abordar distintas formas de mirar la sociedad.
Felipe es soñador, imaginativo y suele sufrir cuando llega el momento de cumplir con sus obligaciones escolares. Manolito, hijo de un comerciante, tiene una mirada especialmente vinculada con los negocios y el dinero. Susanita sueña con casarse y formar una familia, y suele contrastar con las inquietudes sociales de Mafalda.

Miguelito observa el mundo desde razonamientos inesperados y preguntas capaces de convertir algo cotidiano en un problema casi filosófico.
A ellos se suman Libertad, pequeña en tamaño pero enorme en personalidad; Guille, el hermano menor de Mafalda; y los padres de la protagonista, adultos comunes enfrentados una y otra vez a las preguntas incómodas de su hija.
No todo lo que hizo Quino fue Mafalda
Este es uno de los aspectos que pueden pasar inadvertidos para quienes conocen al dibujante solamente por su personaje más famoso.
Quino desarrolló una extensa producción de humor gráfico fuera del universo de Mafalda. Antes de crearla ya había publicado Mundo Quino y, después de abandonar la tira en 1973, continuó produciendo páginas de humor que fueron recopiladas en diferentes libros.
En esas viñetas muchas veces ni siquiera necesitaba diálogos. Una oficina, una familia, un restaurante, una fábrica, una escuela o una relación entre una persona poderosa y otra vulnerable podían convertirse en escenarios suficientes para construir una historia.
Su humor abordó recurrentemente cuestiones como el poder, la burocracia, las diferencias sociales, la autoridad, el consumo, la tecnología, la libertad y las relaciones humanas.
¿Por qué historietas de hace más de 50 años todavía pueden resultar cercanas?
Ahí aparece una de las particularidades de la obra de Quino. Aunque muchas historietas fueron creadas durante las décadas de 1960 y 1970, buena parte de las preguntas que planteaban sus personajes siguen formando parte de las conversaciones actuales.
Mafalda quiere entender por qué existe la desigualdad, se preocupa por lo que sucede en otros lugares del planeta y cuestiona decisiones de los adultos. Sus amigos, en cambio, permiten mostrar otros intereses, contradicciones y formas de imaginar el futuro.
Para un adolescente acostumbrado a memes, videos breves y publicaciones en redes sociales, descubrir estas historietas también permite comprobar que la combinación de una imagen y unas pocas palabras para comentar la realidad existía mucho antes de Internet. La tecnología cambió; la idea de utilizar el humor para comunicar una observación sobre la sociedad, no tanto.
La dimensión internacional de esa obra fue reconocida en 2014, cuando Quino recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Quino también forma parte de Buenos Aires
Aunque nació en Mendoza, Buenos Aires tuvo un lugar fundamental en su trayectoria. Quino se trasladó a la ciudad siendo joven en busca de oportunidades para publicar sus dibujos y allí desarrolló una parte decisiva de su carrera.
Ese vínculo permanece visible en el espacio público. En el Paseo de la Historieta, en el barrio porteño de San Telmo, Mafalda tiene su famosa escultura acompañada por Susanita y Manolito. El recorrido recuerda a algunos de los personajes y autores fundamentales de la historieta argentina.
Una invitación a descubrirlo más allá de una tarea escolar
Quino falleció el 30 de septiembre de 2020, pero sus dibujos continúan circulando en libros, exposiciones y nuevas ediciones.
Para quienes nunca leyeron una historieta completa de Mafalda, quizás la mejor manera de conocer a Quino sea justamente empezar por ahí: observar una tira, entender qué está pasando y preguntarse de qué se está riendo realmente.
Porque detrás de esos dibujos aparentemente simples hay algo que explica buena parte de su permanencia: niños hablando de problemas de adultos y obligando al lector a mirar situaciones conocidas desde otro lugar.
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