Buenos Aires a través de otros sentidos y los desafíos cotidianos de quienes recorren la ciudad con un bastón blanco
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El sonido de un semáforo, el relieve de una vereda y los ruidos del tránsito forman parte de una manera diferente de recorrer Buenos Aires. Para las personas ciegas o con discapacidad visual, desplazarse por la ciudad implica interpretar un entorno que no siempre resulta accesible.
En una ciudad donde conviven colectivos, bicicletas, motocicletas, mesas de bares, vendedores y miles de peatones, los obstáculos cotidianos pueden convertirse en verdaderas barreras para la movilidad independiente. El bastón blanco es una herramienta fundamental de orientación, pero su utilización también pone de manifiesto la importancia de contar con veredas despejadas, cruces seguros y ciudadanos que comprendan cómo acompañar sin invadir la autonomía de los demás.
Una Buenos Aires que también se escucha y se siente
Buenos Aires tiene una identidad sonora inconfundible. El ruido de los colectivos al detenerse, las conversaciones que llegan desde un café, el movimiento de una avenida y hasta el sonido de las persianas metálicas de los comercios forman parte de su paisaje cotidiano.
Para muchas personas con discapacidad visual, estos sonidos pueden aportar referencias útiles para reconocer espacios, orientarse y desplazarse. También intervienen otros elementos, como las texturas del suelo, la disposición de las fachadas y los puntos de referencia aprendidos durante recorridos habituales.
Sin embargo, no todas las personas ciegas perciben o utilizan estas señales de la misma manera. La orientación depende de múltiples factores, entre ellos la experiencia, el entrenamiento en movilidad, las características del entorno y las condiciones particulares de cada persona.
En barrios como San Telmo, Balvanera, Caballito o Palermo, donde conviven construcciones antiguas, avenidas transitadas y espacios comerciales, la circulación peatonal presenta escenarios muy diferentes.
Una vereda conocida puede ofrecer referencias estables durante años. Pero alcanza con que aparezca un contenedor de obra, una motocicleta estacionada o una mesa fuera de lugar para que ese recorrido habitual requiera nuevas decisiones.
El bastón blanco y su importancia para la autonomía
El bastón blanco es una herramienta de movilidad utilizada por personas ciegas. Permite detectar determinados obstáculos, identificar cambios en la superficie y explorar el espacio próximo durante el desplazamiento.
Su utilización requiere técnicas específicas de orientación y movilidad, y no debe confundirse con una señal de dependencia permanente de otras personas.
De hecho, una persona que camina con bastón blanco puede conocer perfectamente su destino, desplazarse de manera autónoma y no necesitar asistencia.
El bastón tampoco detecta todos los peligros. Algunos obstáculos elevados, como ramas bajas, carteles salientes o elementos que sobresalen de una fachada, pueden quedar fuera de su alcance habitual.
Por eso, la accesibilidad no depende exclusivamente de la habilidad de quien utiliza esta herramienta. También está relacionada con las condiciones del espacio público.
Cuando una vereda se transforma en una carrera de obstáculos
Una de las dificultades más frecuentes en los entornos urbanos es la ocupación del espacio destinado a los peatones.
Las veredas porteñas pueden presentar baldosas levantadas, desniveles, pozos, maceteros, bolsas de residuos, bicicletas, motos y otros elementos que interrumpen la circulación.
Para una persona que utiliza bastón blanco, estos obstáculos pueden obligarla a detenerse, modificar su trayectoria o buscar una alternativa.
La situación resulta especialmente delicada cuando un objeto bloquea completamente el paso y obliga a descender a la calzada, donde circulan vehículos.
También existen obstáculos menos evidentes. Una puerta de comercio abierta hacia la vereda, una rama que sobresale a la altura del rostro o un toldo colocado demasiado bajo pueden representar riesgos que no siempre se detectan mediante el contacto del bastón con el suelo.
En este contexto, mantener despejada la circulación peatonal no constituye solamente una cuestión de orden urbano. Es una condición necesaria para que distintas personas puedan desplazarse con seguridad.
Las baldosas podotáctiles y el problema de interrumpir sus recorridos
En determinados espacios de Buenos Aires existen superficies podotáctiles, reconocibles por sus relieves, que aportan información a las personas con discapacidad visual.
Según su diseño y disposición, estas superficies pueden orientar desplazamientos o advertir sobre situaciones que requieren atención, como la proximidad de un cambio de nivel.
Su utilidad depende de que estén correctamente instaladas, resulten reconocibles y mantengan la continuidad necesaria.
Cuando una motocicleta, un puesto comercial o cualquier otro objeto ocupa estas superficies, se interrumpe una referencia de orientación.
Algo similar ocurre cuando las baldosas están deterioradas, se colocan sin criterios adecuados o conducen hacia obstáculos.
La accesibilidad requiere planificación y mantenimiento. No alcanza con incorporar elementos específicos si después el entorno impide utilizarlos.
Cruzar una avenida porteña también representa un desafío
Las esquinas concentran algunas de las situaciones más complejas de la movilidad urbana.
En avenidas con varios carriles, como Rivadavia, Corrientes, Santa Fe o Independencia, las personas con discapacidad visual deben reconocer el punto de cruce, interpretar el tránsito y determinar cuándo existen condiciones seguras para avanzar.
Los semáforos sonoros accesibles pueden aportar información importante en este proceso. Sin embargo, su presencia no debe darse por supuesta en todas las intersecciones.
Tampoco debe suponerse que el sonido de los vehículos alcanza para determinar que es seguro cruzar. Los giros, las bicicletas, los vehículos silenciosos y otras circunstancias pueden dificultar esa interpretación.
Por eso, los cruces accesibles requieren una combinación de infraestructura adecuada, señalización, respeto de las normas de tránsito y condiciones de circulación previsibles.
Un vehículo detenido sobre la senda peatonal, por ejemplo, puede obligar a modificar una trayectoria que debería permanecer libre.
Ayudar sin invadir, una forma de convivencia que también se aprende
La convivencia urbana incluye una dimensión que no siempre se contempla en las obras de infraestructura: la manera en que las personas interactúan entre sí.
Ante alguien que utiliza bastón blanco, algunos peatones intentan ayudar tomándolo del brazo, desplazándolo o indicándole un camino sin consultar previamente.
Aunque esas acciones puedan surgir de una buena intención, también pueden generar desorientación, incomodidad o situaciones inseguras.
La recomendación general es sencilla: ofrecer ayuda verbalmente y esperar la respuesta.
Si la persona acepta, conviene preguntarle cómo prefiere recibir asistencia. En los acompañamientos guiados, una técnica habitual consiste en ofrecer el brazo para que sea la persona acompañada quien lo tome.
También es importante evitar mover el bastón, tirar de él o decidir unilateralmente hacia dónde debe caminar alguien.
La autonomía implica que cada persona pueda decidir cuándo necesita ayuda, de quién desea recibirla y de qué manera.
No todos los bastones significan lo mismo
Aunque el bastón blanco es el más conocido, en la Argentina existen diferentes colores que permiten identificar distintas condiciones visuales.
El Ministerio de Justicia de la Nación explica que el bastón blanco identifica a las personas ciegas, mientras que el verde se utiliza para personas con baja visión y el rojo y blanco para personas con sordoceguera.
La Ley Nacional 25.682 reconoce el uso del bastón verde como instrumento de orientación y movilidad. Por su parte, la Ley 27.420 contempla el bastón rojo y blanco.
Estas diferencias permiten reconocer distintas necesidades, pero no autorizan a suponer cuánto puede ver, escuchar o hacer una persona determinada.
La accesibilidad también es una responsabilidad compartida
La accesibilidad urbana no se limita a instalar rampas o incorporar señalización. También comprende la posibilidad de utilizar el transporte público, acceder a edificios, recibir información comprensible y circular sin barreras.
El propio Gobierno porteño reconoce la accesibilidad universal como una condición para garantizar el acceso al entorno físico, al transporte, a la información y a las comunicaciones en igualdad de condiciones.
En la vida cotidiana, esta perspectiva involucra a numerosos actores. Los comerciantes pueden contribuir manteniendo despejados los accesos y las veredas; quienes estacionan deben respetar las sendas peatonales; los responsables de obras necesitan garantizar pasos seguros; y los peatones pueden colaborar evitando dejar objetos en lugares de circulación.
Son acciones que benefician también a personas mayores, familias con cochecitos, usuarios de sillas de ruedas y vecinos con dificultades temporales de movilidad.
Qué hacer cuando una vereda o un cruce no son accesibles
Los vecinos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires cuentan con canales oficiales para comunicar problemas vinculados con el estado de las veredas, la señalización y otras condiciones del espacio público.
A través de BA Colaborativa es posible registrar solicitudes, aportar fotografías y consultar el estado de las gestiones. También existen procedimientos específicos para reclamar por semáforos que funcionan incorrectamente o por rampas deterioradas.
Información útil
- Atención ciudadana: línea 147 del Gobierno de la Ciudad.
- Reclamos por veredas y obstáculos urbanos: BA Colaborativa.
- Semáforos defectuosos: Trámite oficial de reclamos.
- Colocación o reparación de rampas: Información del trámite.
Una ciudad que se comparte, aunque no todos la perciban de la misma manera
Buenos Aires puede reconocerse en el sonido de una estación de subte, el movimiento de una esquina comercial, las voces que llegan desde una plaza o el murmullo de una avenida.
Pero disfrutar y recorrer esa ciudad no debería depender de la capacidad de esquivar obstáculos inesperados ni de la buena voluntad ocasional de otros peatones.
El bastón blanco representa mucho más que una herramienta de movilidad. También recuerda que el espacio público debe permitir que cada persona se desplace con la mayor autonomía posible.
La verdadera convivencia urbana comienza cuando comprendemos que una vereda no es solamente el espacio frente a una vivienda o un comercio, sino parte de un recorrido compartido.
Y que para algunas personas, aquello que otros apenas advierten, como una bicicleta mal estacionada, una baldosa rota o un cartel fuera de lugar, puede convertirse en la diferencia entre continuar caminando o tener que detenerse.
Porque Buenos Aires no se vive únicamente con los ojos. También se escucha, se reconoce, se recorre y se siente. Y debe ser una ciudad que todos puedan transitar.
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