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Sociedad y Comunidad

Casa Andrea y la historia de una vivienda que se convirtió en un hogar transfeminista

octubre 9, 2026 · 4 min de lectura
Casa Andrea y la experiencia de vivienda colectiva transfeminista en Buenos Aires, impulsada por No Tan Distintes y YoNoFui para acompañar a mujeres y LGBT+ en situación de vulnerabilidad social.

Una casa familiar de Buenos Aires encontró un nuevo destino cuando su dueña decidió ponerla a disposición de un proyecto comunitario. Así comenzó Casa Andrea, una experiencia de convivencia impulsada por No Tan Distintes y YoNoFui.

Su historia está vinculada al acompañamiento de mujeres y LGBT+ en situación de vulnerabilidad social, y también a la necesidad de reconstruir la vida después de situaciones de violencia y desamparo. En ese recorrido, el acceso a una vivienda se entrelaza con las redes de cuidado y con la posibilidad de decidir cómo vivir.

La decisión de Mabel

Antes de ser una vivienda colectiva transfeminista, el inmueble había sido la casa de una familia. Según reconstruyó Agencia Presentes en marzo de 2025, Mabel, su propietaria, había vivido allí con su madre y su padre. La construcción, ubicada entre Balvanera y Recoleta, tenía más de un siglo de historia.

Durante una etapa, Mabel alquiló habitaciones a estudiantes y personas que llegaban a Buenos Aires para estudiar. Con el tiempo quedó sola y comenzó a preguntarse qué hacer con ese espacio. Le propusieron convertirlo en un hostel, pero esa posibilidad no la convencía.

Entonces conoció el trabajo de YoNoFui y No Tan Distintes. Después de investigar sus actividades, decidió ofrecerles la casa para un proyecto comunitario. La vivienda comenzó a funcionar como Casa Andrea a fines de 2024.

Dos organizaciones y una necesidad compartida

El encuentro reunió a colectivos que venían acompañando distintas formas de exclusión.

No Tan Distintes nació en 2011 con personas que estaban o habían estado en situación de calle. Su trabajo con mujeres y LGBT+ en situación de vulnerabilidad social combina acompañamiento integral con proyectos autogestivos de vivienda, formación, trabajo y arte popular. Para la organización, los recursos materiales y los vínculos afectivos son partes inseparables de ese sostén.

YoNoFui, por su parte, está integrado por mujeres cis y personas de la diversidad sexual y de género, algunas con experiencias de encierro carcelario. Desarrolla talleres dentro y fuera de las cárceles, formación en artes y oficios, trabajo cooperativo y acompañamiento cotidiano.

Sus espacios de apoyo mutuo incluyen salud mental, asesoramiento legal y ayuda para resolver trámites y gestionar recursos. La experiencia de Casa Andrea se vincula con esa búsqueda de autonomía sostenida en comunidad.

Por qué se llama Casa Andrea

El nombre guarda una memoria dolorosa. Amnistía Internacional Argentina documentó que Casa Andrea homenajea a Andrea Amarante, una de las tres mujeres que murieron tras el ataque de Barracas de mayo de 2024, y también a una militante que llevaba el mismo nombre.

Andrea era la pareja de Sofía Castro Riglos, sobreviviente del ataque. Sofía había perdido a su compañera, sus pertenencias y el lugar donde vivía. Las redes lésbicas y las organizaciones comunitarias participaron de su acompañamiento, y Casa Andrea formó parte de ese proceso de reconstrucción.

El apoyo continuó con la gestión colectiva de un amparo habitacional. En junio de 2026, Amnistía informó que Sofía había podido dejar el espacio compartido y acceder a un alquiler pago. Su recorrido permite entender que el cuidado también consiste en acompañar cambios y sostener la posibilidad de vivir con mayor autonomía.

Convertir la vivienda en un hogar

La casa ofrecía habitaciones individuales y espacios compartidos. En la experiencia registrada por Presentes en 2025, las habitantes se reunían semanalmente con ambas organizaciones para conversar sobre la convivencia.

Entre las herramientas que fueron construyendo apareció una propuesta de Marlene, una de las habitantes: utilizar colores de semáforo para expresar cómo se sentía y ayudar a sus compañeras a saber cómo acercarse. Un acuerdo cotidiano que daba lugar a las necesidades personales dentro de la vida común.

Esa dimensión comunitaria dialoga con el trabajo de ambas organizaciones. No Tan Distintes plantea el acompañamiento como una construcción de redes materiales y afectivas; YoNoFui desarrolla espacios de escucha y apoyo mutuo. Desde esas prácticas, compartir una vivienda supone también aprender a pedir ayuda, expresar necesidades y construir acuerdos.

La historia de Casa Andrea reúne una decisión personal, la de Mabel, con años de organización colectiva. Una vivienda familiar pudo recibir otros recorridos y otras necesidades. Allí, la posibilidad de habitar empezó a construirse junto con algo igualmente necesario: contar con personas que acompañen.

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